viernes, 1 de marzo de 2024

GRUPO RESURRECCIÓN. 1.FORMACIÓN DE LOS COORDINADORES

                                                       RESURRECCIÓN 

         

El sufrimiento y la muerte son huéspedes inevitables de la humanidad. Somos vulnerables y limitados. La vida y la muerte son las dos caras de la existencia humana.

En nuestros días somos conscientes de la necesidad de recuperar la importancia que merece la elaboración positiva de toda aflicción, precisamente por las graves repercusiones que produce tanto en la biología como en la biografía y biofilia (gusto y misión por la vida) de cada persona.

Todo padecimiento ha de ser aceptado, integrado, templado, <<resilenciado>>, trabajado, procesado, sanado y aprovechado por el doliente, sanador herido.

Nuestra sociedad, tabuizando la muerte, dejándola sin sentido ni misión y enviando al ostracismo los ritos funerarios, religiosos y civiles, ha diluido los procesos de duelo para cicatrizar toda herida interna.

Afortunadamente, va surgiendo una nueva mentalidad ante esta necesidad tan sentida. Uno de los signos positivos es el ministerio de escucha en el duelo y la creación de los grupos de mutua ayuda. En la Iglesia, dentro de la Pastoral del Duelo, contamos con Resurrección.

En efecto, Resurrección es un grupo de mutua ayuda para familiares en duelo, de identidad católica, con profundo humanismo, abierto a todas las personas, incluso de otros cultos o no creyentes. Trabajan el proceso de sanación en todas y cada una de las dimensiones de la persona: corporal, emocional, mental, social, valórica y espiritual.

Está conducido por coordinadores competentes y vocacionados que han pasado por la experiencia del sufrimiento y lo han elaborado sanamente, cuyo cometido es utilizar todos los recursos sanadores humanos y de la fe, sin adherirse a ninguna escuela psicológica, ni filosófica, salvaguardando su identidad cristiana, con respecto al ecumenismo y el proceso de crecimiento en la fe de los participantes.

La fe no suprime la dura pena de la separación, la reorienta, sembrando en ella esperanza. Somos conscientes de que el secreto de la muerte hay que buscarlo en la vida y, además en la Vida que es Jesucristo   resucitado de entre los muertos.

Resurrección expresa con su denominación estos objetivos: volver a vivir la vida después de la muerte de un ser querido más plena, humana, solidaria y cristianamente y alimentar la esperanza cierta de que el Dios de los vivos ha dado un nuevo y feliz hogar a nuestro Ser querido, con el que un día nos veremos en un encuentro gozoso y para siempre.

Resurrección, como grupo de mutua ayuda, en el momento oportuno confronta empáticamente a cada persona para reavivar    su poder terapéutico intrínseco, saneando las heridas internas, utilizando la relación sanante de la unión familiar, de la comunidad, del amor de Dios y de la búsqueda del sentido de la vida. Es decir, pone en marcha   los recursos internos, los comunitarios y los de la gracia.

Se cicatrizan así las heridas abiertas, se conquista la esperanza, se purifica la fe y la imagen insana sobre Dios, se potencia la  solidaridad con otros que sufren, se busca el crecimiento humano, se profundiza en el sentido existencial de la vida y de la muerte, y se fragua un proyecto existencial.

Resurrección acompaña durante un año al doliente, recordando que el proceso de duelo es largo y arduo. En él hay que ser pacientes, pero no pasivos; muy constantes y muy humildes para pedir ayuda y dejarse ayudar.

Otra misión de Resurrección es también alertar de que, para elaborar oportuna y sanamente todo tipo de duelo, hay que informarse y formarse, adquiriendo en la vida un <<botiquín de duelo>>

El objetivo de este material  es, pues, ser una ayuda-guía para los que participan del grupo Resurrección, como un servicio a los miembros de la comunidad en el trabajo del duelo.

¿QUÉ ES EL DUELO?

El término duelo se deriva del vocablo latino dolus (dolor). Está ligado a los vocablos dolor y sufrimiento, que describen la reacción espontánea por la pérdida de algo, la privación, la carencia u omisión, el alejamiento de alguien, los conflictos relacionales, las crisis existenciales y la muerte de seres queridos y la propia muerte. Estas situaciones afectan a la persona en todas y cada una de sus dimensiones: corporal, emocional, mental, social, valórica y espiritual-religiosa. La aflicción nos hace entrar en el trabajo del duelo, que demanda la actitud y la aptitud de cada individuo para su afrontamiento y sana elaboración.

A veces, el padecimiento produce hasta crisis existenciales que, si no se elaboran favorablemente, enturbian la vida o anulan el sentido de la misma.

La intensidad de esta vivencia se produce por lo definitivo de la pérdida o muerte, por la causa del fallecimiento y sus circunstancias, por la hondura de la relación existente, por la fuerza del apego, por el vacío o desconcierto de la ausencia, por la actitud asumida y, por supuesto, por la utilización de los recursos humanos y religiosos de que disponga cada persona.

En el pensar, la herida, que puede echar raíces y prolongarse en el tiempo, tiende a acorralar el poder terapéutico de la persona.

No debemos conformarnos con estar en duelo, sino que hacer el duelo, es decir, hay que tomar las riendas del sufrimiento en un proceso en el que se potencia el poder sanador de cada uno, volviendo a ña serenidad, propiciando el crecimiento personal, clarificando ideas, asumiendo una cosmovisión significativa de vida, integrando la muerte, puliendo las relaciones humanas, creciendo en valores, cultivando la espiritualidad, viviendo amorosamente la resurrección del ser querido muerto junto a Dios y <<resucitando>> el sufriente mismo a esta vida en plenitud, concediendo al fallecido y a nosotros mismos el mejor regalo: volver a sentirnos plenos y felices.

 EL TRABAJO DEL DUELO

La pena tiene intensidad, ¡cómo golpea!; duración: es como una flecha, ¡rápida para entrar, lenta para salir!; hondura: echa raíces, ¡y qué profundas!; pasa factura en todas las dimensiones de la persona, ¡y a qué precio! Pero también tiene una misión: ser alarma, ¡todo padecimiento hay que trabajarlo, cicatrizarlo y sacarle provecho!

Si la aflicción es muy activa, el trabajo del duelo no debe ser pasivo. Es un camino que hay que transitar decididamente, un proceso muy dinámico, con una buena metodología de sanación holística, multidimensional. Es una intervención que no se improvisa, no se hace de la noche a la mañana.

El tratamiento del duelo exige una gran actividad y una disposición positiva para elaborar sanamente la pena. El doliente domina su pesar o este domina al doliente. No basta con ser doliente (de <<duelar>>), es decir, ser protagonista responsable de nuestra propia sanación.

Si el sufrimiento es lo que una herida trabaja con el doliente, el duelo es lo que el <<dueliente>>! Trabaja consigo mismo.

¿Hay que <<duelar>>! Es todo un compromiso de sanación. Sí, sanar cuidándose, cuidarse sanando.

En el trabajo del duelo hay que afrontar

·    * La invasión, conmoción y reacción que ocasiona la herida en todas las dimensiones de la persona.

·        *  El derrumbe de todas las seguridades previas.

·        *  Todas las lágrimas necesarias que precise el desahogo.

·        *  La solitaria soledad entre muchos.

·        *  La tentación de sobrevivir sin vivir.

·        *  Ir a la mesa y encontrar un hueco vacío.

·        *  Desear que la realidad fuese distinta, luchando contra lo imposible.

·        *  Estar en la cama sin sentir el calor de una caricia.

·        *  La muerte del hermano que levantó pronto el vuelo.

·        *  Enterrar los padres al hijo.

·        *  Ver crecer a los hijos de los amigos y no al propio.

·        *  Un sueño imposible:<<Si viviera ahora él…>>>.

·       *  La ilusión frustrada de un embarazo que nunca verá la primavera de esta vida.

·        *  Ternuras de abuelos regadas en penas.

·       *  Querer amar y mediar la ausencia física.

·        * Lucha de la memoria del corazón contra la memoria de la mente.

·        * Mucha inquietud e inseguridad.

·        * Culpa insistente, ira ciega, tristeza fría.

·        * Desánimo y desmotivación, desilusión y falta de fuerzas.

·        * El <<no puedo, no puedo>>.

·        * Un miedo misterioso, el sinsentido, preguntas sin respuesta.

·        * La realidad y misión de la muerte en la propia vida.

·        * Todas las crisis de fe que surgen.

·        * Mirar al infinito buscando un sentido.

El trabajo del duelo es…

·        * Paciente, pero no pasivo, para abatirse por lo que merece la pena, cuanto merezca la pena y el tiempo que perezca la pena.

·        * Una labor de dolientes-<<duelientes>>-sanadores.

·       *  Actitud y aptitud de sanación en comunidad, comunicación y comunión.

·        * Afrontar y confrontarse con la propia herida.

·       *  Un proceso multidimensional muy laborioso, con una adecuada metodología.

·        * Intervenir sobre uno mismo para cicatrizar la hemorragia del alma.

·        * Reactivar todos los recursos internos, comunitarios y de la gracia.

·        * Reciclaje de la persona en Aflicción.

·       *  Camino sin marcha atrás.

·     *   Desahogo y reflexión, análisis y evaluación: ¿por qué sufro?,¿cómo sufro?,¿para qué sufro?

·        * Sufrir sanamente para dejar de sufrir.

·        * Amar sin apegos, con nuevos  lenguajes de amor.

·        * Aferrarse a los valores.

·        * Potenciar los vínculos.

·        * Afrontar y confrontarse con la muerte propia y ajena.

·        * Cultivo de la espiritualidad.

·        * Mano a mano con Dios, que pasó por el duelo de su Hijo muerto.

·        * Entrega del ser querido  muerto a Dios.

·        * Mirar al ser querido con los ojos del alma.

·        * Resurrección.

·        * Esperanza del reencuentro.

·        * Recrear un proyecto significativo de vida.

·        * Padecimiento convertido en crecimiento.

·        * Escuela de vida.

·        * Camino de santidad.

·        * Facultad de humanización.

·        * Ventana abierta a la solidaridad.

    * No hay que olvidar

·       * El trabajo del duelo es procesar toda la aflicción para que ni eche raíces ni se instale en el tiempo.

·      *  Hay que evitar que la pena pase factura de continuo y mate la felicidad del alma.

·        * Nadie quiere que se mueran con él. No morirse con los muertos.

·        * No se puede elegir la muerte, pero sí que actitud tomar ante ella.

·        * Lo que no se asume, no se redime. Sanar la tribulación  no tiene atajos.

·        * Después de perder mucho, no hay que darse permiso para seguir perdiendo.

·        * Hay que dejar de mirar lo perdido  y optar por lo que se puede ganar.

·    * Después de sufrir mucho, no hay que aumentar el sufrimiento propio, ni prolongarlo, ni hacer sufrir a los demás.

·        * Un enemigo en el trabajo del duelo es no quererse, ni cuidarse.

·        * La asignatura del proceso de duelo se estudia o se deja para septiembre.

·        * La mayor tragedia: quedarse sin sentido ante la vida  y la muerte.

·       *  La persona es siempre es más grande que la mayor de sus dolencias.

·      * Todo pesar elaborado y sanado nos enseña a vivir en verdad y libertad, y sin apegos; purifica el amor.

·       *  Dios es tu mejor amigo. Él es el consuelo, la paz, la resurrección . No te hagas el <<duro>> con Él.

·        * El sufrimiento purifica la fe. La fe purifica el sufrimiento.

    * El mejor regalo al ser querido muerto: orar por él, mejorar en la vida y ser feliz.

         

 LOS OBSTÁCULOS DEL DUELO SALUDABLE

Hay que estar atentos para no caer en la tentación de incrustarse en la pena, de seguir padeciendo insanamente y sin sentido.

Hay que evitar:

·         * Imaginar que la recuperación es imposible.

·         * Querer solo aliviarse y no curarse.

·         * Creer que el tiempo por sí solo lo cura todo.

·         * No vivir la tribulación con gallardía. Hacerse la víctima.

·         * Padecer aislándose de la familia, con pactos de silencio.

·         * Pensar que nadie puede entender mi aflicción.

·         * No acudir a las redes de apoyo social y a la comunidad de fe.

·         * Sufrir insanamente para seguir sufriendo.

·         * Querer sobrevivir y no vivir con un buen proyecto de vida.

·         * Idealizar al muerto, viviendo, en cambio, con una baja autoestima.

·         * Dolerse para pagar culpas.

·         * Verse en el deber de apenarse para demostrar amor.

·         * Perder la esperanza de volver a ser feliz.

·         *Revivir constantemente <<las imágenes temidas>> causantes del abatimiento.

·         * Acusar a Dios de la muerte del ser querido.

·         * Pensar que nada bueno va a aportar tanto infortunio saneado.

 FINALIDAD DEL TRABAJO DEL DUELO

Muchos sostienen que ante el padecimiento hay que dejar pasar el tiempo, <<que todo lo cura>>, y que debemos considerarlo como algo propio, exclusivo y no compartible. No hay que hablar, sino que debemos afligirnos en soledad y en silencio; tenemos que procurar despejarnos, enfrascándonos en múltiples actividades y evadiendo los recuerdos hirientes. Tampoco habría que meter el dedo en la llaga, para vivir como si nada hubiera pasado, cayendo así en una especie de sumisión ante el fatalismo, esperando que con ello el agujón se vaya. ¡Todo eso es un gran error!

Otros, por el contrario, reducen el duelo a un continuo lamento y desahogo exteriores, incrustándose en la tristeza permanente, acostumbrándose a la dolencia, sintiéndose víctimas de ella, recluyéndose en la trastienda de la vida. ¡No es saludable!

No es tampoco un tratamiento del duelo olvidar. No se trata de relegar al ser querido en la memoria; al contrario, debemos garantizar el no olvido. Muchos se sienten como obligados a no recordar a la persona muerta, partiendo de la idea (propia o insinuada por otros) de que así no se sufre, que hay que seguir adelante sin mirar atrás y así dejar descansar a los fallecidos. ¡Es absurdo!

Y, por supuesto, la gestión del duelo no sirve para dejar de amar a l ser querido muerto, transfiriendo el amor a otro sujeto u objeto, sino para seguir amándolo con un afecto sano, desapegado y puro.

La finalidad del trabajo del duelo, insistiendo en que como todo camino progresivo de elaboración de cualquier pesadumbre supone un arduo trabajo interior de discernimiento sobre las causas que lo desencadenan, el modo de afrontarlo y sobre el doliente mismo, consiste en:

·         * Dar expresión y cauce adecuado a lo sentido desde las seis dimensiones de la persona.

·      * Resistir, aliviar y templar el golpe, en primer lugar; asumiendo, <<resilienciarlo>> y procesarlo, después, y, finalmente, serenarlo y sanarlo.

·         * Hacerse el doliente, sanador-herido, un <<dueliente>>, protagonista activo y principal de este cometido.

·        *  Aceptar la realidad de la pérdida, la privación, la crisis o de la muerte.

·         * Integrar la extrañeza.

·         * Dominar la pena de la separación, con un sosegado y amoroso desapego.

·        * Vivir positivamente la energía afectiva, la felicidad.

·         * Contar con un proyecto de vida: pleno de sentido y amor, dándolo y recibiéndolo.

·         * Amar con un nuevo lenguaje al fallecido a quien, como creyentes, ponemos en las manos misericordiosas de Dios con la esperanza firme de la resurrección, en las que nos quiere con un cariño purificado y pleno.

·        *  Madurar y crecer en todas y cada una de las dimensiones de la persona, afrontando con madurez la vida, el amor y la muerte. ¡Solo se transforma el sufrimiento, cuando se transforma el sufriente!

·        *  Madurar y crecer en todas y cada una de las dimensiones de la persona, afrontando con madurez la vida, el amor y la muerte. ¡Solo se transforma el sufrimiento, cuando se transforma el sufriente!

*,Contar con una caja interior de herramientas, un botiquín de duelo, para afrontar momentos críticos que puedan aparecer en el futuro, ya desde una herida cicatrizada.

 


jueves, 29 de febrero de 2024

Sin miedo a morir

 


«La historia de Inés, una joven ejecutiva en la flor de la vida, se ve truncada cuando le diagnostican un cáncer terminal y todas sus certezas se desmoronan. Obligada a refugiarse en su hermano Javier, Inés inicia un camino de discernimiento en el que nunca estará sola.

Su hermano y toda la Iglesia rezarán por ella para que pueda descansar en el Señor. “Sin Miedo a Morir” es el relato de sus vidas y, sobre todo, el anuncio del amor de Dios que, a través del Sacramento de la Unción de Enfermos, nos conduce hacia la verdadera sanación.»

Guion y Dirección de Ricardo del Pozo para la EWTN.
¡No te pierdas este precioso canto a la vida!

domingo, 25 de febrero de 2024

CÓMO ACOMPAÑAR A LOS ENFERMOS PSIQUIÁTRICOS Y A SUS FAMILIAS


ESCUELA DIOCESANA DE PASTORAL DE LA SALUD 2024 archizaragoza Participan: Ponente: D. José Mª Civeira Murillo - Médico Psiquiatra del Hospital Miguel Servet Presenta: Dª Pilar Molina - Delegada Episcopal de Pastoral de la Salud La delegación episcopal de Pastoral de la Salud ha preparado una nueva edición de su Escuela de formación con el tema ‘Dar esperanza en la tristeza’.

martes, 20 de febrero de 2024

COMO ACOMPAÑAR LA VULNERABILIDAD EN EL CAMPO DE LA ADICCIONES

 


ESCUELA DIOCESANA DE PASTORAL DE LA SALUD 2024
ARCHIZARAGOZA Participan: Ponente: D. Jesús Sánchez Felipe - Director de la Fundación Centro de Solidaridad de Zaragoza - Proyecto Hombre Presenta: Dª Pilar Molina - Delegada Episcopal de Pastoral de la Salud La delegación episcopal de Pastoral de la Salud ha preparado una nueva edición de su Escuela de formación con el tema ‘Dar esperanza en la tristeza’.

ACOMPAÑAR LAS DIVERSAS VULNERABILIDADES

 


ESCUELA DIOCESANA DE PASTORAL DE LA SALUD 2024 ARCHIZARAGOZA Participan: Ponente: D. Rubén Ruiz Silleras - Vicario General Presenta: Dª Pilar Molina - Delegada Episcopal de Pastoral de la Salud La delegación episcopal de Pastoral de la Salud ha preparado una nueva edición de su Escuela de formación con el tema ‘Dar esperanza en la tristeza’.

lunes, 12 de febrero de 2024

Grupo Resurrección

 


PROPUESTA DEL SECRETARIADO DIOCESANO DE PASTORAL DE LA SALUD AL ARCIPRESTAZGO ESTE DE LOGROÑO:

CREAR EL GRUPO "RESURRECIÓN" (EN OCTUBRE)

El grupo de mutua ayuda Resurrección tiene como misión ofrecer acompañamiento a las personas en su duelo tras la muerte de un ser querido. Para afrontar esta tarea y poder trabajar la sanación del duelo en todas y cada una de las dimensiones de la persona - corporal, emocional, mental, social, valórica y espiritual-, el P. Mateo Bautista, partiendo de su amplia trayectoria, propone en esta breve guía una serie de pautas para quienes brindar ese acompañamiento. Sin duda, se trata de una herramienta eficaz para ayudar a elaborar el duelo a la luz de la experiencia humana y del Evangelio



DESCRIPCIÓN

La muerte de un ser querido nos golpea a todos tarde o temprano. Este libro recoge 28 relatos testimoniales, fruto de la experiencia de la dolorosa pérdida de un ser querido cónyuges, hijos, nietos, hermanos. Son testimonios que acompañan y ahondan en el camino del duelo con breves recomendaciones para quienes quieran arrojar luz y esperanza a la desolación por el fallecimiento y la despedida. Mateo Bautista, religioso camilo experto en Pastoral de la Salud, participa activamente desde hace décadas en el acompañamiento y la sanación de personas en situación de duelo, sobre todo a través del Grupo Resurrección, un espacio pastoral y de evangelización que más allá de la ayuda mutua.

 


Mutua Ayuda al Duelo «Resurrección»

El Grupo de Mutua Ayuda al Duelo “Resurrección” es un espacio sólido de sanación interior y de evangelización, en uno de los momentos más críticos de la existencia de las personas: la muerte del ser querido.

Al igual que, para sanar una herida en el cuerpo, ésta debe cerrar y cicatrizar, la muerte del ser querido produce heridas que afectan al cuerpo, a las emociones, a los pensamientos, a las relaciones con los demás, a los valores vitales y a la vida espiritual.

Son heridas profundas, que deben ser sanadas en esas seis dimensiones a fin de poder alcanzar de nuevo paz interior y alegría de vivir, y tener un proyecto significativo de vida.

Dado que la centralidad de nuestra fe es la esperanza nacida de la Resurrección de Cristo, la Iglesia no puede dejar de ser “Madre y Maestra” para sus hijos, los fieles, que tienen que afrontar el mayor sufrimiento existencial de su vida. El Grupo de Duelo nace desde la pastoral del seno de la Iglesia, en la Iglesia, para la Iglesia, como un proyecto de Iglesia.

El Grupo de Mutua Ayuda al Duelo “Resurrección” tiene un temario y una metodología diseñados por el P. Mateo Bautista García, Religioso camilo, y ha probado su eficacia desde 1993, ayudando a miles de personas en duelo en 11 países de habla hispana, y también ayudando a un buen número de personas desde 2021, visitar www.pastoralduelo.org

Funcionamiento

Al Grupo, que se reúne semanalmente en los salones de la parroquia x, asiste un máximo de doce “dolientes” (personas en sufrimiento por la muerte de seres queridos), dirigidos por uno o dos coordinadores formados específicamente en la Pastoral del Duelo.

En cada Encuentro semanal se trata uno de los temas característicos propios del duelo (sentimiento de culpa, rabia, extrañeza, apego, ideas insanas, pérdida del sentido de la vida, enfado con Dios…), y se comparten los sentimientos y pensamientos entre todos los dolientes, en un clima de confidencialidad y de camaradería, lo cual tiene un evidente efecto sanador sobre todos los participantes. Es un Grupo de Ayuda Mutua, es decir, no solamente cada doliente recibe ayuda del Grupo, sino que también la da, desde su sufrimiento, al propio Grupo.

Horarios

(Dos horas)

Contacto: Secretariado Diocesano de Pastoral de la Salud

 

Personas que estén dispuestas a conocer el Grupo Resurrección de mutua ayuda para familiares en duelo del P. Mateo Bautista.

 

Nombre y Apellidos              Parroquia                    Móvil                     

 

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EL GRUPO RESURRECCIÓN.

 En algunas Diócesis es una de las ramas de la Pastoral de la Salud que ayuda a las personas en estado de duelo. En las reuniones no hay psicólogos ni siquiatras, sino personas que han pasado por la experiencia de la pérdida de un ser querido.

Los primeros encuentros, cuando las personas llegan con todo su dolor, a decir verdad, son de mucho llorar, porque se habla del ser querido que ya no está, mientras que otros escuchan al que atraviesa por el mismo dolor. Los que llegan al grupo no se conocen, pero tienen algo en común: el dolor de la muerte. Así, una vez desahogados, se sienten comprendidos y no los únicos en el mundo que perdieron a alguien.

¿Cómo se habla de la muerte y de la desaparición física de un padre, una madre o un hijo, en los encuentros? Los seres humanos tenemos dos orejas y una boca, por lo que al principio preguntamos muy poco y dejamos que hablen y compartan su dolor con otros. En función de esto, vamos haciendo un cuadro de situación para saber cómo avanzar en la ayuda. Si el tema es un hijo muerto, por ejemplo, con todos los recuerdos de una cama vacía o del momento que salía o llegaba a la casa, hacemos ver que en el hogar también hay otros hijos. El que murió no debe acaparar todo. Los demás en su interior pueden pensar: “me tengo que morir para que me prestes atención”. No debemos olvidar que en el sufrimiento tendemos a cerrarnos, somos nosotros y nuestro sufrimiento, pero, ¿y los demás?

La muerte, no es ninguna novedad, genera muchos interrogantes, por eso la necesidad de brindar ayuda espiritual a los familiares o amigos en duelo. En nuestro caso, la ayuda consiste en hacer descubrir que en la Palabra de Dios se encuentra la clave para superar estos momentos de angustia y conmoción. El Grupo Resurrección, por lo tanto, ayuda a tener esperanza a partir de las palabras del Señor y también a encontrarla en la vida diaria, en los recuerdos de una silla vacía o la mesa que tiene un lugar libre.

Los tiempos del duelo son distintos en cada persona. El padre Mateo Bautista dice que si 9 meses se necesitan para nacer, también 9 meses debe durar el duelo, pero no siempre es así. Porque hay apegos que son muy grandes y muy profundos, donde siempre hay personas que estaban tan apegadas al difunto que no quieren “despegarse”. Y sólo lo harán cuando encuentren la esperanza en la Palabra de Dios, en el hacer por el otro, en el prójimo, cuando se toma conciencia que todo lo que se podía hacer y dar, al ser querido que ya no está, se puede hacer también por los demás.

 

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FORMACIÓN  DE LOS COORDINADORES DURANTE ESTE CURSO

1. ENCUENTRO (Fecha: 4 de Marzo a las 18:00 h)   

-       Introducción y Objetivos de Resurrección.

-       ¿Qué es el duelo?

-       El trabajo del duelo

-       Los obstáculos del duelo saludable.

-       Finalidad del trabajo del duelo 

2. ENCUENTRO (Fecha:11 de Marzo a las 18:00 h)

-       Recorrido, manifestaciones, dimensiones

-       Tipos de duelo

-       Palpitar con tres corazones en uno

-       Cuando la tristeza y el miedo calan el alma

-       Desahogad el corazón

-       Que la culpa no sea un tormento

-       Mil y una preguntas

3. ENCUENTRO  (Fecha: 18 de Marzo a las 18:00 h)    

-       La ira

-       La baja autoestima

-       Las caricias positivas

-       Frases hechas que deshacen

-       Compartiendo el duelo con los niños

-       ¿Y Dios?

-       Dios, buen terapeuta

-       Desde mi sufrimiento, perdón

-       Un proyecto significativo de vida

     4.ENCUENTRO  (Fecha: 25 de Marzo a las 18:00 h)      

-       Las redes de apoyo social

-       El grupo de mutua ayuda

-       El coordinador del grupo Resurrección

-       Metodología de sanación

-       El lugar, el tiempo, los participantes

-       ¿Y los nuevos participantes?

-       El ideario de Resurrección

-       Modalidades de un encuentro

5.ENCUENTRO  (Fecha: 1 de Abril a las 18:00 h)     

-       Temas y objetivos de los encuentros

-       Oración de la serenidad

-       El proceso del duelo tiene un fin

-       Resurrección en las redes sociales

-       ¿Crees esto?

-       Sendero de vida

-       Puede ser útil

-       El mejor regalo

-       Jesús es la resurrección.