sábado, 19 de septiembre de 2026

"Cerca está el Señor de quienes sufren e invocan su nombre" Domingo 25, tiempo ordinario: 20 de septiembre de 2026

 


Lecturas del día:

  • Primera Lectura: Isaías 55, 6-9 («Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos»).

  • Salmo 144: «Cerca está el Señor de los que lo invocan».

  • Segunda Lectura: Filipenses 1, 20c-24. 27a («Para mí la vida es Cristo, y el morir una ganancia... pero quedarme en esta vida es más necesario por vosotros»).

  • Evangelio: Mateo 20, 1-16a (Parábola de los viñadores de última hora).

Queridos hermanos y hermanas: enfermos, familiares, médicos, enfermeros, personal de asistencia y voluntarios:

Celebrar la Eucaristía en un hospital siempre nos coloca en la verdad desnuda de la vida. Aquí no hay espacio para apariencias ni para prisas superficiales. En estas habitaciones y pasillos tocamos a diario la fragilidad humana, pero también el amor en su estado más puro: la paciencia del que sufre, la entrega del que cuida y la esperanza de quien busca sanación.

Las lecturas que la Iglesia nos propone hoy parecen escritas con el corazón puesto en la realidad de este lugar.

1. «Mis caminos no son vuestros caminos»

En la primera lectura, el profeta Isaías nos dice de parte de Dios: «Mis planes no son vuestros planes, ni vuestros caminos son mis caminos». ¡Cuántas veces nos cuesta comprender los caminos de la vida! Nadie planea estar en un hospital. Ninguno de nosotros incluye en sus proyectos la enfermedad, la incertidumbre, el dolor o la espera pesada de unas pruebas médicas. Ante la fragilidad, a menudo nos preguntamos: «¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora?».

Sin embargo, el Dios al que invocamos no es un Dios lejano que contempla nuestro sufrimiento desde la distancia. Isaías nos invita a «buscar al Señor mientras se deja encontrar y llamarlo mientras está cerca». Y hoy nos recordamos unos a otros algo fundamental: Dios no se ha alejado; en la enfermedad, Él está más cerca que nunca. Su modo de actuar rompe nuestra lógica humana, pero su presencia es una promesa constante de consuelo.

2. El valor incalculable de cada vida a ojos de Dios

En el Evangelio de hoy, Jesús nos cuenta la historia del dueño de la viña que sale a diferentes horas a buscar trabajadores, incluso hasta la última hora de la tarde. A todos les da el mismo jornal, un denario: la dignidad, la salvación, el amor incondicional.

Para la mentalidad de este mundo, el valor de una persona se mide por lo que produce, por su fuerza, por sus horas de trabajo o por su rendimiento económico. Pero la lógica del Reino de Dios es completamente distinta.

Para Dios, quien está postrado en una cama, quien no puede levantarse o quien apenas puede articular una oración, vale exactamente lo mismo que la persona más fuerte y productiva de la tierra. A los ojos de Cristo, en la viña del Señor no hay vida inútil ni tiempo perdido. Cada minuto de paciencia, cada sonrisa en medio de la prueba, cada gesto de cariño de quien atiende una cama es una obra preciosa ante el Padre.

3. «Para mí la vida es Cristo»

San Pablo nos deja hoy una reflexión bellísima y profundamente consoladora desde su cautiverio en la Carta a los Filipenses: «Para mí la vida es Cristo, y el morir una ganancia... me encuentro en un dilema, pero quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros».

Pablo no le tiene miedo a la vida ni a la muerte, porque sabe que en ambas circunstancias pertenece a Cristo.

  • A los que están atravesando el trance del dolor o la debilidad: recordad que vuestra vida está guardada en las manos de Dios. Vuestra existencia sigue siendo un don inestimable.

  • A los familiares y al personal sanitario: vosotros sois hoy las manos, los pies y la mirada compasiva de Jesús para con cada enfermo. Cuando sostenéis una mano angustiada, cuando administráis un medicamento con ternura o cuando ofrecéis una palabra de aliento, estáis encarnando la bondad del Dios que nunca abandona.

Querida comunidad: no tengamos miedo de poner en las manos del Señor nuestras inquietudes y nuestros miedos de hoy. Como nos ha repetido el salmo: «Cerca está el Señor de los que lo invocan sinceramente».

Pidámosle hoy al Señor que conceda la paz y la salud de cuerpo y alma a todos los enfermos, fuerza y paciencia a sus familias, y sabiduría, vocación y delicadeza a las doctoras, doctores, enfermeros y a todo el personal de este centro.

Que la Virgen María, Salud de los Enfermos, nos acompañe en cada momento y nos haga sentir el abrazo amoroso de su Hijo Jesucristo. Amén.

viernes, 11 de septiembre de 2026

La caricia que sana el alma (Domingo 24, tiempo ordinario: 13 de septiembre de 2026)


Si hay algo que experimentamos con fuerza cuando la salud decae, es nuestra propia fragilidad. El cuerpo duele, el cansancio pesa y, a veces, el ánimo se nubla. Sin embargo, la liturgia de hoy nos regala un bálsamo reconfortante en el Salmo 102: «Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades». 

El Señor no es indiferente a lo que les pasa. Cada dolor físico y cada preocupación que llevan en el corazón encuentra eco en Su propia cruz.
1. En la vida y en la muerte somos del Señor
San Pablo nos deja una certeza inquebrantable: «Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo... en la vida y en la muerte somos del Señor»
Cuando están en una cama de hospital, en un sillón de descanso o limitados en sus hogares, la tentación más grande es pensar: "Ya no soy útil". San Pablo nos recuerda que su valor no depende de lo que producen, sino de a quién pertenecen. Su vida entera pertenece a Dios. Incluso este tiempo de vulnerabilidad y silencio es un espacio sagrado. Su paciencia, su oración silenciosa y su forma de sobrellevar el dolor se convierten en una ofrenda preciosa para toda la Iglesia. 
2. Sanar las heridas del corazón
El Evangelio de este domingo nos habla del perdón. Jesús nos relata la parábola del siervo al que se le perdonó una deuda impagable. La enfermedad física suele venir acompañada, a veces, de "enfermedades del alma": el resentimiento por el pasado, la amargura por lo que no pudo ser, o los lazos rotos con algún ser querido. 
Hoy el Señor les dice: «Yo he tenido compasión de ti». La curación que Dios nos ofrece empieza desde dentro. Cuando el cuerpo sufre, es vital que el corazón esté en paz. Dejad que Jesús alivie cualquier carga de rencor. El perdón es el remedio definitivo para que el alma respire aliviada, libre de ataduras. 
3. La paciencia de Dios es nuestra fuerza
El siervo de la parábola imploraba: «Ten paciencia conmigo». Es la misma súplica que brota de nosotros cuando los días de enfermedad se hacen largos. Dios tiene paciencia con sus dudas, con sus miedos y con sus quejas. Él los mira con inmensa ternura. No os desaniméis si el camino es difícil; no estáis solos en la barca. 
Que la Virgen María, Salud de los Enfermos, los cubra con su manto. Que ella les alcance la paz del corazón, el alivio en el cuerpo y la certeza de que cada uno de vosotros está firmemente sostenido en las manos amorosas del Padre.
Amén.

martes, 8 de septiembre de 2026

L Jornadas Nacionales de Delegados de Pastoral de la Salud (Madrid, 22 - 24 de septiembre de 2026)

 

L Jornadas Nacionales de Delegados de Pastoral de la Salud

Departamento de Pastoral de la Salud. Email: salud@conferenciaepiscopal.es / Tel.: 913 439 705

 

Madrid, 22 - 24 de septiembre de 2026


PROGRAMA
Martes, 22 de septiembre
16:30 h Acogida y distribución de habitaciones
17:00 h Oración y apertura. Presentación de las Jornadas 
17:15 h Ponencia: Curar toda enfermedad y toda dolencia. Significado de este encargo del Señor D. José Luis Méndez Jiménez • Director del Departamento de Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Española 
18:15 h Descanso 
18:30 h Ponencia: Cuidar a nuestros mayores D. Miguel Garrigós Domínguez • Director del Secretariado de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal Española 
20:00 h Eucaristía con vísperas
21:00 h Cena

Miércoles, 23 de septiembre
08:30 h Eucaristía con laudes
09:15 h Desayuno 10:00 h Presentación de resultados y reflexiones de la encuesta para una pastoral de la salud renovada (2025) 
11:30 h Descanso 12:00 h Presentación de la Campaña 2027 y de los materiales de formación 
14:00 h Comida 16:30 h Ponencia: La pastoral hospitalaria ante un nuevo renacer D. Luis Sánchez Ruiz • Delegado episcopal de la pastoral de enfermos y mayores de la archidiócesis de Valencia 
17:30 h Descanso
18:00 h Propuestas del departamento 
19:00 h Oración por los enfermos y cuidadores
21:00 h Cena

Jueves, 24 de septiembre
08:30 h Laudes 
09:15 h Desayuno
10:00 h Ponencia: Historia de la pastoral de la salud en España a lo largo de estos cincuenta años D. Juan Manuel Bajo Llauradó • Delegado episcopal de pastoral de la salud de Tortosa 
11:00 h Descanso
11:30 h Recuerdos del camino recorrido en los 50 años en pastoral de la salud • Entrevista a Mons. D. José Luis Redrado Marchite • Obispo emérito y secretario emérito del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios • Recuerdos de D. Rudesindo Delgado Pérez • Sacerdote y director emérito del Departamento de Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Española a lo largo de más de 20 años 
14:00 h Comida

 Celebración 50 Aniversario 
19:00 h Concelebración de la eucaristía en la catedral de la Almudena 
21:00 h Cena y homenaje a directores y obispos responsables de la pastoral de la salud durante los últimos 50 años

Día Mundial para la Prevención del Suicidio,

 


La prevención del suicidio es una tarea de todos. Escuchar, acompañar y tender una mano puede marcar la diferencia.

Con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el próximo 10 de septiembre, el Teléfono de la Esperanza La RIOJA organiza una jornada abierta a toda la ciudadanía en El Espolón de Logroño.
De 10:00 a 19:30 horas, el espacio TE ESCUCHAMOS ofrecerá actividades de sensibilización y un lugar para expresarse y ser escuchado.
A las 20:00 horas tendrá lugar la lectura del manifiesto y “Luz para la Esperanza”, un encendido de velas en memoria de quienes ya no están y en apoyo a sus familias.
Porque preguntar, escuchar sin juzgar y acompañar también es cuidar.


sábado, 5 de septiembre de 2026

Dios cuida de nosotros a través de tu vida (Domingo 23, tiempo ordinario: 6 de septiembre de 2026)

 


LECTURAS BÍBLICAS

1ª Lectura: Ez. 33,7-9.                   

2ª lectura: Ro. 13, 8-10.

EVANGELIO

San Mateo 18, 15-20

1. El hospital: el lugar donde nadie es invisible
Queridos hermanos y hermanas, personal médico, de enfermería, familiares y queridos pacientes: las lecturas de hoy adquieren una luz bellísima e intensa en las paredes de este hospital. La primera lectura nos habla del centinela, aquel que vigila para proteger la vida de los demás.
En un hospital, esa palabra se vuelve carne. Los médicos, los enfermeros, los auxiliares, el personal de limpieza y los voluntarios son los centinelas de hoy. Vosotros no solo cuidáis  cuerpos; vigiláis la vida, aliviáis el dolor y sostenéis la esperanza cuando las fuerzas flaquean. Dios nos recuerda hoy que la vida de nuestro hermano nos pertenece. No nos es indiferente. En este lugar, cuidar del otro no es solo un trabajo o un deber; es una misión sagrada en la que nos hacemos guardianes de la salud y la dignidad del que sufre.
2. Una comunidad que sostiene en la debilidad
El Evangelio de hoy nos habla de cómo construir la comunidad y de la importancia de la reconciliación. A veces, la enfermedad y la hospitalización son momentos difíciles que desgastan emocionalmente. Aparecen los miedos, la impaciencia o los roces familiares fruto de la tensión y el cansancio.
Jesús nos invita hoy a la delicadeza. Nos pide paciencia para tratarnos bien, para hablar con amor y para perdonarnos los malos momentos. Para los familiares que pasan noches en vela al pie de la cama, y para el personal que trabaja bajo presión, el Evangelio es una llamada a mirarse con profunda empatía. San Pablo lo resume de forma perfecta en la segunda lectura: “El amor es el pleno cumplimiento de la ley”. En una habitación de hospital, el amor se traduce en una mirada comprensiva, en un vaso de agua a tiempo, en una palabra de aliento o en el silencio respetuoso que acompaña el dolor.
3. "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre..."
La promesa final de Jesús en el Evangelio es el bálsamo más grande para este día: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
A veces, la enfermedad nos hace sentir solos o aislados del mundo exterior. Pero Jesús nos asegura que no necesitamos una gran catedral para encontrarlo. Él está aquí. Está presente:
  • En el enfermo que une su sufrimiento a la cruz con fe y paciencia.
  • En las manos del médico y la enfermera que curan y consuelan con profesionalidad y ternura.
  • En el abrazo silencioso de la familia que sostiene la fe.
Cuando dos personas se unen en una habitación de hospital para rezar, para darse ánimo o simplemente para acompañarse en el dolor en nombre del amor, Cristo está allí, habitando ese sufrimiento y transformándolo en esperanza.
4. Oración final
Pidámosle hoy al Señor, el Médico de los cuerpos y de las almas, que bendiga a nuestros enfermos con la salud y la paz interior. Que sostenga las manos y el corazón de todo el personal sanitario para que sigan siendo los centinelas de la vida, y que a todos nos conceda la certeza de que nunca, ni en la noche más oscura de la enfermedad, estamos solos. Amén.

miércoles, 26 de agosto de 2026

El sentido de la cruz y el fuego de la esperanza (Domingo 22, tiempo ordinario: 30 de agosto de 2026)

 

1ª lectura: Jer. 20, 7-9                     

 2ª lectura: Ro. 12, 1-2.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,21-27)

Estar en un hospital nos da una perspectiva única y profundamente real de la Palabra de Dios. Las paredes de un hospital albergan, quizás como ningún otro lugar, la fragilidad humana, el miedo, pero también la entrega más absoluta y el milagro de la vida y el cuidado. [
Hoy, el Evangelio según San Mateo nos presenta un momento de gran honestidad entre Jesús y sus discípulos. Jesús les habla abiertamente del sufrimiento y de la cruz. Al igual que Pedro, nuestra primera reacción natural ante la enfermedad, el dolor o la incertidumbre es rebelarnos y decir: «¡Dios te libre, Señor! Eso no te puede suceder a ti»... o «eso no me puede suceder a mí». Es humano querer huir del sufrimiento. 
Sin embargo, Jesús no nos pide que busquemos el dolor por masoquismo. Cuando dice «toma su cruz y me siga», nos está invitando a mirar nuestras dificultades actuales no como un callejón sin salida, sino como un terreno donde Dios está presente. En un hospital, la cruz adquiere rostros muy concretos: 
  • Para los enfermos: Es el peso de la incertidumbre, el dolor físico y la espera de un diagnóstico.
  • Para los familiares: Es el cansancio del cuidado, la impotencia y el desvelo por el ser querido.
  • Para el personal sanitario: Es la carga de la responsabilidad, el desgaste emocional y el esfuerzo diario por aliviar el dolor ajeno.
Jesús nos recuerda una paradoja transformadora: «El que pierda su vida por mí, la encontrará». Perder la vida aquí significa descentrarse de uno mismo. Los médicos, enfermeros y auxiliares "pierden" sus horas y energías diariamente para que otros ganen salud. Las familias "pierden" su comodidad al pie de la cama. Y el enfermo, al aceptar su vulnerabilidad, aprende a confiar y a recibir el amor de los demás y de Dios. 
La primera lectura nos regalaba la confesión del profeta Jeremías, quien se sentía cansado e incomprendido, e incluso intentó tirar la toalla. Pero añade algo precioso: «había en mis entrañas como fuego, algo ardiente encerrado en mis huesos». Ese fuego es la gracia y la esperanza que no se apagan. Aunque las fuerzas físicas disminuyan en una habitación de hospital, ese fuego interior del espíritu, de la fe y del afecto humano sigue latiendo y sosteniéndonos. 
San Pablo, en la segunda lectura de la Carta a los Romanos, nos exhorta a ofrecer nuestros propios cuerpos como una «ofrenda viva, santa y agradable a Dios». Hoy, vuestro cuerpo cansado por la enfermedad, vuestras manos desgastadas por el trabajo médico o vuestros ojos desvelados por cuidar, son el altar y el culto más hermoso que podéis ofrecer a Dios. 
No estáis solos cargando esta cruz. Jesús camina por los pasillos de este hospital, sufre en cada dolor y consuela en cada gesto de ternura. Que María, salud de los enfermos, nos enseñe a transformar el sufrimiento en amor y a mantener encendido el fuego de la esperanza.
Amén.