miércoles, 5 de septiembre de 2012

LA RELIGIÓN - LA ESPIRITUALIDAD / SALUD MENTAL

HUMANIZAR
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¿La Religión o/y la espiritualidad son positivas para nuestra salud mental?
 
Alejandro Rocamora
Médico psiquiatra
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Religión y espiritualidad

    José Antonio tiene 40 años. Es director de una empresa de informática. Está casado y tiene dos hijos. No tienen problemas laborales, ni económicos y su situación familiar es satisfactoria. No obstante, se “siente vacío”, nos dice.”Nada me satisface. Mi vida es pura rutina. Muchas veces me pregunto: ¿para qué vivir?, ¡para que ganar dinero?, ¿para qué trabajar’.

    De joven era muy religioso y practicante. Participaba activamente en un grupo de la parroquia. Poco a poco se fue distanciando de la práctica religiosa. Actualmente está “aburrido de la vida” y ha comenzado a consumir alcohol como forma de paliar su malestar. Con cierta frecuencia piensa en la muerte como solución a sus problemas.

    Este es un ejemplo de la evolución de la vivencia religiosa en muchas personas. Es innegable que todos necesitamos de un punto de referencia que nos supere. `Puede llamarse solidaridad, fraternidad, ideal, ciencia o Dios. El hombre no se agota en sí mismo sino que cobra sentido precisamente cuando se abre al otro. El egocentrismo es empobrecedor; la apertura al “no-yo” es enriquecedora para el proceso psicológico del ser humano.

    Es más, el hombre es un ser inacabado que necesita de los “otros” para configurar su propio yo. Nadie puede conocerse a sí mismo, sin reconocer al otro. El vínculo Yo-No-yo no es algo añadido al ser humano sino que constituye la propia esencia del ser. Sin el “tú” no existiría el “yo”, ni tampoco el “nosotros”.

Diferencias

    La espiritualidad es la manera como cada persona da respuesta a las preguntas sobre la vida, el sentido de la muerte, el significado de los otros, el cómo relacionarse con los demás, entre otras cuestiones. Es decir, la espiritualidad es la forma como cada uno de nosotros se sitúa en el mundo y en relación con la trascendencia. Por esto podemos afirmar que la espiritualidad es personal e intransferible y está relacionada con los valores por los que discurre nuestra existencia: solidaridad, libertad, responsabilidad, autotrascendencia, etc. Es, pues, la dimensión más noble de la persona.

    La Religiosidad, por el contrario, es el conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, propuestas por  una institución organizada. La Aproximación hacia la divinidad se consigue a través de los ritos y acatamientos de unas normas y principios. Podemos distinguir ente religión madura en la que la persona es de mente abierta y manifiesta coherencia entre sus creencias y su forma de vida, pero esto no excluye la tolerancia hacia el otro diferente y la flexibilidad en el discurrir de cada día. Sin embargo, la religión inmadura todo el énfasis lo pone en las prácticas religiosas, los rituales y fortalecimiento del grupo social y dejando al Dios todopoderoso la solución de los problemas. Podemos, pues, ser espirituales pero no religiosos.
    Con su maestría habitual lo resume Bermejo (2009) en uno de sus numerosos escritos: la religiosidad es sentido, trascendencia, valores y misterio; la religión es creencias, pertenencia a un grupo, celebraciones, ritos y códigos morales.

    Podemos señalar con Pargamet (1997) tres estilos de afrontamiento religioso: estilo autodirigido, estilo evitativo y estilo colaborativo. En el primero las personas confían más en sí mismas que en Dios para resolver los problemas. Las personas narcisistas serían proclives a este tipo de religiosidad. El estilo evitativo implica el total abandono en manos de Dios, renunciando a tomar las medidas que, por ejemplo, la medicina nos posibilita. Estaría representado por las personalidades neuróticas fóbicas. Y el último estilo, el más sano, en el que se establece una dinámica compartida entre lo que nos ofrece la ciencia y la creencia en un Dios. Es decir, en el proceso de afrontamiento de cualquier situación conflictiva se ponen los medios humanos a su alcance, sin olvidar recurrir a la protección divina.

Religión/espiritualidad y salud mental

    De 131 estudios publicados se han encontrado que en 93 de ellos se confirmaba la asociación positiva entre religiosidad o espiritualidad y salud mental, en 34 no se encontraba ninguna relación y en 4 se encontró que la religiosidad se asociaba con más depresión (Koenig, 2009). Existen más estudios que apoyan la influencia positiva de la religiosidad/espiritualidad en el ser humano que lo contrario. Concretamente podemos afirmar que la experiencia religiosidad/espiritualidad favorece positivamente en los cuadros depresivos, de ansiedad, suicidio, abuso de sustancias, duelos, en incluso en la psicosis.

    Entre las razones que los eruditos aportan para defender esta relación positiva señalamos las siguientes:

  • Esta correlación puede favorecer el desarrollo integral de la persona, facilitando la introspección, el sentido positivo de la vida y proporcionar herramientas para el afrontamiento de los conflictos cotidianos.
  • Fortalece las redes sociales y familiares protegiendo el individuo del aislamiento social y proporcionando sentido de pertenencia y autoestima sobre todo en los momentos difíciles.

    No obstante, desde algunas posiciones psicológicas, como el psicoanálisis, se ha relacionado al religiosidad /espiritualidad con una influencia negativa para el individuo en su desarrollo personal. El propio Freud planteaba la religiosidad como producto de un pensamiento infantil y regresivo  y la religión como “una neurosis obsesiva universal”. Al parecer Freud parte de un concepto de religión muy arcaico, que sería producto de mentalidades muy primitivas o enfermas, y que por lo tanto las creencias religiosas serían absurdas o delirantes y propias de personas inmaduras e infantiles. En este sentido, si es verdad que la religiosidad puede perjudicar a la salud mental de la persona, desde la defensa a ultranza de la represión de los instintos y comportamientos dogmáticos y rígidos.

    En cuanto la influencia en la salud física, se ha comprobado que la espiritualidad reduce los niveles de norepinefrina y cortisol y consecuentemente disminuye la sensación de estrés y los problemas de salud asociados. También, al parecer, la actividad inmunológica, las neoplasias y enfermedades cardiovasculares pueden resultar favorecidas por las vivencias religiosa/espirituales.

Espiritualidad y psicoterapia

    Partiendo de la idea de que la religión/religiosidad no es necesariamente patógena para la persona, sino que puede ser fuente de salud mental y bienestar, en EE.UU. se incluyen en la formación de los médicos residentes de psiquiatría temas relacionados con la influencia que la experiencia religiosa  en el desarrollo psicológico de cada persona.

    Existen dos autores como grandes defensores de la espiritualidad como complemento de la psicoterapia: Viktor Frankl con la logoterapia y C.G. Jung con su modelo de psicología analítica. Para ambos la espiritualidad es un ingrediente fundamental en el desarrollo del individuo.

    En general, toda acción terapéutica  debe trascender el síntoma, pero es quizás en estas situaciones (crisis existenciales y crisis vitales. Muerte, enfermedad, etc. cuando es imprescindible no quedarse pillado por la angustia del otro. Así, cuando nos encontramos con una persona que afirma no tener futuro, no debemos entrar “al trapo” de su problema sino que deberemos posibilitar que encuentre sentido a su presente o a su propia capacidad para encontrarlo. Es posible, pues, que para ayudarle a recuperar su futuro debamos insistir en sus posibilidades presentes. A veces, ocultas y que el propio sujeto puede desconocer.

    Un pequeño relato puede ejemplarizar esta cuestión: Había una vez un escultor que tenía una academia donde acudían niños de todas las edades a contemplar como trabajaba la piedra. Un día el alcalde del pueblo le encargó una estatua de un caballo para la plaza del pueblo. Los niños atónitos contemplaron la gran masa de piedra de granito que era llevada hasta el taller, donde el artista comenzó a modelar la piedra. Uno de los niños más pequeños se ausentó durante un tiempo del pueblo y cuando nuevamente llega al taller se sorprendió al ver la estatua del caballo y le preguntó al escultor:”¿Cómo sabías que dentro de la piedra había un caballo?” Pero la auténtica realidad es que el caballo estaba en la cabeza del artista, no de la piedra, y que gracias a eso la estatua del caballo pudo estar presente en la plaza del pueblo.

    Moraleja. Ante los problemas existenciales y conflictos cotidianos tenemos que abrir el foco de atención o bien iluminar toda la estancia para comprender mejor el problema.

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