jueves, 26 de marzo de 2026

Carta de un Capellán ante el Misterio del Sufrimiento y la Partida



Querido hermano/a en la fe (o a quien busca consuelo en estas letras):

Te escribo desde los pasillos de este hospital, donde el silencio a veces grita y el dolor parece no tener tregua. Como capellán, camino cada día entre habitaciones que guardan historias de lucha, miedo y esperanza. Hoy, ante el complejo debate sobre la eutanasia, quiero compartirte lo que veo con los ojos del alma.

Entiendo el cansancio. Entiendo el horror que produce ver a un ser querido —o a uno mismo— perder la autonomía o sufrir sin descanso. La tentación de buscar un final rápido es, en su raíz, un grito desesperado por dejar de sufrir, un deseo humano de paz.

Sin embargo, mi misión aquí es recordarte que la dignidad de la persona no reside en su utilidad, en su fuerza o en su ausencia de dolor. La dignidad es un don sagrado que nos acompaña desde el primer aliento hasta el último suspiro natural. La fe nos enseña que la vida es un regalo que recibimos y que no nos pertenece gestionar de manera absoluta.

En la Iglesia, no defendemos el sufrimiento por el sufrimiento. Al contrario, abogamos con fuerza por los Cuidados Paliativos: esa forma de amor que no mata a la persona, sino que mata el dolor. Acompañar a alguien hasta el final, sosteniendo su mano, mitigando su angustia y asegurándole que no está solo, es el acto de humanidad más profundo que podemos realizar.

Terminar con una vida, incluso con la mejor de las intenciones, es cerrar la puerta al misterio de la entrega final y a la oportunidad de despedirse desde la verdad del amor vulnerable. Mi labor no es juzgar, sino estar presente. Si te encuentras en esta encrucijada, te pido que busques la paz en el cuidado, en la oración y en la compañía.

Dios no nos pide que suframos sin sentido; nos pide que amemos sin medida, incluso en la debilidad. Mi puerta y mi corazón están abiertos para escucharte, llorar contigo y buscar, juntos, el consuelo que solo la esperanza verdadera puede dar.

Con mi bendición y cercanía,

Rafael Gil Vicuña

Tu Capellán.

3 comentarios:

  1. Pienso que Dios te ha iluminado para escribir este bello mensaje.

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  2. Muchas gracias Rafa,por tu bonita carta ,es la mejor reflexión para la Semana Santa🙏🙏🙏🙏

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  3. Dios escribe derecho con renglones torcidos y hay cosas que no podemos entender,como es el sufrimiento y actitudes de las personas que nos rodean,solamente desde la fé en Dios y aceptando la enfermedad y el sufrimiento es posible,un creyente ofrece su sufrimiento y está aptitud le santifica,es una situación muy difícil, he tenido una hermana en una situación parecida y tenía momentos de desánimos que superaba con la oración,sufrió mucho para morir,pero yo la recuerdo siempre con una sonrisa en su rostro,nos dejó un gran vacío.

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