El sepulcro está vacío
DIÓCESIS DE CALAHORRA Y LA CALZADA-LOGROÑO. PASTORAL DE LA SALUD
El sepulcro está vacío
Puntos para la reflexión del personal y pacientes:
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Para el enfermo: Unir el propio dolor al de Cristo
como una ofrenda de paz por el mundo.
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Para el personal sanitario: Ver en cada
paciente el rostro de Jesús sufriente que necesita ser bajado de la cruz con
ternura.
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Para las familias: Ser como la Virgen María, que
permanece fiel al pie de la cruz, sosteniendo con la presencia lo que las
palabras no pueden explicar.
A menudo pensamos que para "vivir" el Viernes Santo hay que estar en una procesión o en un templo. Sin embargo, para el enfermo, la cama se convierte en su propio altar. No necesitas moverte para participar del misterio; la limitación física es, en sí misma, una forma de unión con la fragilidad humana que Jesús asumió.
El Viernes Santo es el único día en que la liturgia comienza en silencio y postración. La enfermedad tiene un silencio similar: ese momento en que las palabras de los demás sobran y solo queda el estar presente. En ese vacío, el enfermo no está "perdiendo el tiempo", sino habitando el mismo espacio de espera y entrega que se vivió en el Calvario.
En la cruz, Jesús no pronunció grandes discursos teológicos, sino palabras de vulnerabilidad: “Tengo sed”.
Para el enfermo: Es el permiso divino para sentir cansancio, para pedir ayuda y para reconocer que el cuerpo duele.
Para el cuidador: Es el llamado a ser ese "Cirineo" o esa "Verónica" que, con un gesto pequeño (un vaso de agua, acomodar una almohada), alivia el peso de la cruz.
La transición del Viernes Santo va del grito de "¿Por qué me has abandonado?" a la entrega de "En tus manos encomiendo mi espíritu". La enfermedad suele pasar por esas mismas etapas: la rebeldía del porqué, el miedo a la soledad y, finalmente, la paz de soltar el control y confiar en algo más grande.
Una pequeña luz: El Viernes Santo no es el final de la historia. Es el paso necesario, oscuro y denso, pero transitorio. La quietud de hoy es la semilla de la fuerza de mañana. No te pidas a ti mismo estar "animado" o "fuerte"; hoy basta con estar, con respirar y con saber que, en tu dolor, no hay soledad, sino compañía absoluta.