viernes, 14 de agosto de 2026

La Asunción de María, Salud de los Enfermos y Esperanza nuestra.

 

Queridos pacientes, familiares, médicos, enfermeros y personal de un hospital: Celebrar hoy la solemnidad de la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma al cielo tiene un sentido profundamente especial en este lugar.

Un hospital es un espacio donde tocamos a diario la fragilidad, el dolor y los límites de nuestra condición humana. Por eso, hoy no miramos al cielo para evadirnos de la realidad que vivimos en estas habitaciones, sino para encontrar el verdadero sentido de nuestro esfuerzo y nuestro sufrimiento.
María fue llevada al cielo por Dios sin conocer la corrupción del sepulcro. Ella ha triunfado plenamente sobre la muerte. Al contemplarla hoy en la gloria, recordamos que el dolor que hoy nos toca vivir no es el destino final de nuestras vidas.
1. El Cuerpo Humano es Sagrado para Dios. La fiesta de la Asunción nos deja una lección directa para la realidad de un hospital: Dios ama y dignifica nuestro cuerpo. A veces se piensa que la religión solo se ocupa "del alma" y descuida la materia.
El dogma de la Asunción nos demuestra lo contrario. María fue elevada al cielo en cuerpo y alma. Para vosotros, queridos enfermos, que hoy sentís el peso de la debilidad, el dolor físico o el desgaste de la salud: vuestro cuerpo no es una carga desechable. Vuestro cuerpo es sagrado, es templo del Espíritu Santo. Para vostros, médicos y enfermeras, que dedicáis vuestras vidas a curar, limpiar y aliviar estos cuerpos heridos: vuestro trabajo es una tarea santa. Cada vez que cuidáis un cuerpo enfermo, estáis tocando la carne de Cristo. La Asunción nos asegura que la carne humana tiene un destino de eternidad y de sanación total.
2. El Magníficat: Dios se Inclinó ante la Pequeñez. En el Evangelio , María canta el Magníficat y proclama: «El Señor ha mirado la humillación de su esclava... Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes». Estar en la cama de un hospital, o acompañar en vela a un ser querido, nos sitúa en una posición de total vulnerabilidad y humildad. Perdemos el control de nuestras rutinas y dependemos de los demás. María nos enseña que esa pequeñez no es un olvido de Dios. Al contrario, Dios se enamora de nuestra debilidad. Cuando nos sentimos débiles, es cuando el poder y la gracia de Dios pueden actuar con más fuerza en nosotros. María, la humilde sierva de Nazaret, hoy es la Reina del Cielo porque supo confiar plenamente en las promesas del Señor en los momentos de oscuridad.
3. María "de prisa" al Servicio del que Sufre. El Evangelio también nos recuerda que, al enterarse de la necesidad de su prima Isabel, María se puso en camino «de prisa» para ayudarla. Esa "prisa" de María es la misma con la que hoy recorre los pasillos de este hospital. Ella no es una madre lejana que se desentiende de sus hijos desde el cielo. Al ser asunta a la gloria, su amor se ha hecho universal. María entra en cada habitación, acompaña al que no tiene visitas, sostiene la mano del que tiene miedo y da sabiduría y paciencia a las manos de los médicos y enfermeros que buscan restablecer la salud. Ella es, verdaderamente, la Salud de los Enfermos.
Un Signo de Consuelo y Esperanza. Ciertamente, la lectura del Apocalipsis nos ha mostrado la dura batalla entre la vida y las fuerzas del mal. La enfermedad a veces se siente como esa batalla silenciosa que nos agota.Pero hoy la Asunción nos grita que la muerte y el sufrimiento ya han sido vencidos por Jesucristo, y María es la prueba de ello. Ella ya llegó a la meta de la salud perfecta y la paz eterna. Ella nos cuida en el camino .Ofrezcamos en la Eucaristía nuestros dolores, nuestros miedos y también nuestro trabajo diario. Que la Virgen Asunta nos conceda la fortaleza para sobrellevar la enfermedad con esperanza y el amor para servir al que sufre con total entrega.
Santa María, Salud de los Enfermos y Asunta al cielo, ruega por nosotros. Amén.

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