sábado, 22 de agosto de 2026

Reconocer a Jesús en medio de la debilidad (XXI Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)


Reconocer a Jesús en medio de la debilidad
 La Palabra de Dios de este domingo nos hace una pregunta directa que adquiere un eco muy profundo entre las paredes de un hospital. Jesús nos mira a cada uno de nosotros y nos pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Es fácil responder a esta pregunta cuando todo va bien, cuando tenemos salud y la vida nos sonríe. Pero hoy Jesús nos la plantea aquí, en la vulnerabilidad de la cama de un hospital, en el cansancio de una larga jornada de trabajo médico, o en la angustia de esperar noticias de un ser querido.
1. Jesús, el Dios que sostiene nuestra fragilidad
Pedro responde con valentía: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Esa confesión de fe no brotó de las fuerzas de Pedro, sino de una gracia del Padre. Hoy, el Señor nos invita a hacer la misma profesión de fe. Decirle a Jesús «Tú eres mi Dios» en medio de la enfermedad significa creer que no estamos solos. Significa reconocer que el "Dios vivo" no es indiferente a nuestro dolor. Él no mira nuestro sufrimiento desde lejos; está aquí, al lado de cada cama, sosteniendo nuestras cruces y dándonos la fortaleza que humanamente ya no tenemos.
2. La roca en la que podemos apoyarnos
Jesús le dice a Pedro que sobre esa roca edificará su Iglesia, y que los poderes del mal no la derrotarán. Cuando la enfermedad o la incertidumbre golpean nuestra vida, sentimos que todo nuestro mundo se tambalea, como una casa construida sobre arena. El Evangelio de hoy nos recuerda que la fe en Cristo es nuestra roca firme. Aunque el cuerpo se debilite, aunque las fuerzas flaqueen, si nos apoyamos en Él, nuestro espíritu permanece en pie. Su amor es el pimiento que el dolor no puede destruir.
3. Manos que curan: el rostro de Cristo en el hospital
San Pablo, en la segunda lectura, exclama maravillado: «¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios!». Dios manifiesta esa sabiduría y cuidado a través de mediaciones humanas. En un hospital, el misterio del amor de Dios se hace visible en el personal sanitario: médicos, enfermeros, auxiliares, capellanes, personal de limpieza y voluntarios.
Queridos trabajadores de la salud, cuando vosotros cuidáis al enfermo con paciencia, cuando dais una palabra de aliento, estáis siendo la respuesta a la pregunta de Jesús. Estáis permitiendo que el enfermo vea en vuestras manos las manos de Cristo que cura y consuela. Y a los familiares que acompañan con desvelo, vuestra presencia amorosa es el reflejo de la fidelidad de Dios que nunca nos abandona.
-------------------
Que esta Eucaristía renueve nuestra esperanza. Al recibir a Jesús en el pan eucarístico, pidámosle la gracia de reconocerlo como nuestro Salvador. Al enfermo, que le dé el don de la paciencia y la salud; al familiar, la paz en el corazón; y al personal sanitario, la vocación encendida para seguir siendo canales de su amor y de su vida.
Que la Virgen María, Salud de los Enfermos, nos cubra con su manto y nos enseñe a confiar siempre en los caminos del Señor. Amén.

No hay comentarios:

Publicar un comentario