Lecturas del día:
Primera Lectura:
Isaías 55, 6-9 («Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos»). Salmo 144:
«Cerca está el Señor de los que lo invocan». Segunda Lectura:
Filipenses 1, 20c-24. 27a («Para mí la vida es Cristo, y el morir una ganancia... pero quedarme en esta vida es más necesario por vosotros»). Evangelio:
Mateo 20, 1-16a (Parábola de los viñadores de última hora).
Queridos hermanos y hermanas: enfermos, familiares, médicos, enfermeros, personal de asistencia y voluntarios:
Celebrar la Eucaristía en un hospital siempre nos coloca en la verdad desnuda de la vida. Aquí no hay espacio para apariencias ni para prisas superficiales. En estas habitaciones y pasillos tocamos a diario la fragilidad humana, pero también el amor en su estado más puro: la paciencia del que sufre, la entrega del que cuida y la esperanza de quien busca sanación.
Las lecturas que la Iglesia nos propone hoy parecen escritas con el corazón puesto en la realidad de este lugar.
1. «Mis caminos no son vuestros caminos»
En la primera lectura, el profeta Isaías nos dice de parte de Dios: «Mis planes no son vuestros planes, ni vuestros caminos son mis caminos».
Sin embargo, el Dios al que invocamos no es un Dios lejano que contempla nuestro sufrimiento desde la distancia. Isaías nos invita a «buscar al Señor mientras se deja encontrar y llamarlo mientras está cerca».
2. El valor incalculable de cada vida a ojos de Dios
En el Evangelio de hoy, Jesús nos cuenta la historia del dueño de la viña que sale a diferentes horas a buscar trabajadores, incluso hasta la última hora de la tarde.
Para la mentalidad de este mundo, el valor de una persona se mide por lo que produce, por su fuerza, por sus horas de trabajo o por su rendimiento económico. Pero la lógica del Reino de Dios es completamente distinta.
Para Dios, quien está postrado en una cama, quien no puede levantarse o quien apenas puede articular una oración, vale exactamente lo mismo que la persona más fuerte y productiva de la tierra. A los ojos de Cristo, en la viña del Señor no hay vida inútil ni tiempo perdido. Cada minuto de paciencia, cada sonrisa en medio de la prueba, cada gesto de cariño de quien atiende una cama es una obra preciosa ante el Padre.
3. «Para mí la vida es Cristo»
San Pablo nos deja hoy una reflexión bellísima y profundamente consoladora desde su cautiverio en la Carta a los Filipenses: «Para mí la vida es Cristo, y el morir una ganancia... me encuentro en un dilema, pero quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros».
Pablo no le tiene miedo a la vida ni a la muerte, porque sabe que en ambas circunstancias pertenece a Cristo.
A los que están atravesando el trance del dolor o la debilidad: recordad que vuestra vida está guardada en las manos de Dios. Vuestra existencia sigue siendo un don inestimable.
A los familiares y al personal sanitario: vosotros sois hoy las manos, los pies y la mirada compasiva de Jesús para con cada enfermo. Cuando sostenéis una mano angustiada, cuando administráis un medicamento con ternura o cuando ofrecéis una palabra de aliento, estáis encarnando la bondad del Dios que nunca abandona.
Querida comunidad: no tengamos miedo de poner en las manos del Señor nuestras inquietudes y nuestros miedos de hoy. Como nos ha repetido el salmo: «Cerca está el Señor de los que lo invocan sinceramente».
Pidámosle hoy al Señor que conceda la paz y la salud de cuerpo y alma a todos los enfermos, fuerza y paciencia a sus familias, y sabiduría, vocación y delicadeza a las doctoras, doctores, enfermeros y a todo el personal de este centro.
Que la Virgen María, Salud de los Enfermos, nos acompañe en cada momento y nos haga sentir el abrazo amoroso de su Hijo Jesucristo. Amén.
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