sábado, 23 de mayo de 2015

CAMINO DE SANACIÓN EN TERESA DE JESÚS


LA SABIDURÍA DE CORAZÓN COMO CAMINO DE SANACIÓN EN TERESA DE JESÚS.

Francisco Javier Sancho Fermín, ocd.

               Universidad de la Mística (Ávila)

 
 
 
Acercarnos a la figura de Teresa de Jesús desde la perspectiva de la pastoral de la salud es,  sin duda, un reto más que interesante y desafiante. Los avances en medicina y la comprensión más integradora de lo que significa la salud, hacen que los místicos adquieran un valor central en el dinamismo de comprensión de la persona humana. Son ellos quienes de una manera más profunda nos adentran en los entresijos de la interioridad humana y de la repercusión que tienen en el desarrollo de la persona una correcta vida espiritual.

En los últimos decenios se ha multiplicado los estudios que hablan de la repercusión positiva que tiene en la salud la práctica de la meditación, y como ésta repercute de manera saludable en el mismo organismo biológico.

Teresa de Jesús ha sido objeto de diversos estudios desde la perspectiva médica desde hace ya más de un siglo. Muchos de esos estudios –especialmente los más alejados en el tiempo-, se han realizado en base a principios que se pueden benignamente designar como “poco científicos”, y cuya la pretensión era la de “tirar por tierra” la experiencia mística teresiana, haciendo depender todos los fenómenos de algún tipo de enfermedad o desorden mental.

El paso del tiempo, y la intervención o visión objetiva de otros profesionales de la salud, generalmente ha desmontado la aparente base científica de esas sentencias médicas, fundadas normalmente en lecturas sesgadas y hasta malintencionadas de la obra teresiana, y de la experiencia mística cristiana.

Nadie pone en duda, y eso porque la misma Santa lo testifica y relata, su poca salud. Sin embargo, y esto resulta mucho más curioso todavía, Teresa es una mujer que aboga por la salud y la vida saludable. De hecho y como dato  constatable anotamos que en su vocabulario aparece 4 veces más la palabra salud (394) que la palabra enfermedad (103).

Mirando a la historia personal de Teresa creo que podemos contemplar dos momentos muy diferentes en su manera de vivir la salud, y en el modo de afrontar la enfermedad o los achaques que de un modo u otro parece que siempre la acompañan.


Momentos que será necesario distinguir para comprender el cambio que una auténtica experiencia de Dios va a producir en ella, convirtiéndose en el fundamento de una vivencia saludable, incluso de la enfermedad y de las limitaciones físicas y psíquicas a las que toda persona, en mayor o menor medida, está sometida.

 

1.      Antes de su conversión.

 
 

 

Cronológicamente hablando se trata de los primeros 40 años de su vida, desde 1515 hasta 1554 aproximadamente. Teresa nos habla de esta etapa de su vida en los primeros 8 capítulos de su “Libro de la Vida”.

Aunque muchos datos no nos ofrece la Santa al respecto, sí que contextualiza con claridad el contexto en el que surgen esas enfermedades. La primera de ellas se da durante su estancia en el convento de Santa María de Gracia, lugar donde su padre –y contra su voluntad- la ingresa para evitar que Teresa siga con una vida frívola de adolescente que amenazaba con poner en grave peligro la “honra” de la familia.

A los pocos meses de su internado Teresa enferma y ha de ser llevada a su casa para recuperarse, además de una estancia más saludable en casa de su hermana, en el pueblecito de Castellanos de la Cañada.

Independientemente del tipo de enfermedad que sufre, sí que podríamos pensar que el factor psicosomático ejerció un inflijo determinante, si bien Teresa llega a afirmar que llego a sentirse a gusto en ese lugar.

Más grave y duradera en el tiempo y por las secuelas que dejará en Teresa, será la enfermedad que años más tarde le obligará a salir del convento de la Encarnación. Teresa, en esa ocasión, ingresa en el monasterio por propia voluntad, aunque contra el deseo de su padre.

Entonces tenía Teresa 20 años. Y aunque aparentemente es una opción libre la que ella toma, ella misma reconoce que en el fondo la motivación última radicaba en un miedo terrible a condenarse o a tener que pasar por el purgatorio. Ella misma lo describe con estas palabras:


“Y aunque no acababa mi voluntad de inclinarse a ser monja, vi era el mejor y más seguro estado. Y así poco a poco me determiné a forzarme para tomarle. En esta batalla estuve tres meses, forzándome a mí misma con esta razón. Que los trabajos y penas de ser monja no podía ser mayor que la del purgatorio, y que yo había bien merecido el infierno; que no era mucho estar lo que viviese como un purgatorio, y que después me iría derecha al cielo, que éste era mi deseo.

Y en este movimiento de tomar estado, más que parece me movía un temor servil que amor .” (Libro de la Vida 4, 5-69)

Tras estas palabras de Teresa descubrimos una situación de presión psicológica y espiritual que no extraña que termine desembocando –no mucho tiempo después de su ingreso- en una nueva enfermedad. Aquí será evidente el factor psicosomático que, unido a otras posibles causas, desemboca en una nueva salida del monasterio. El proceso de esta “enfermedad” será largo y de no fácil identificación por parte de la medicina de su tiempo.  Hasta la llegan a poner en manos de una famosa curandera, cuyos remedios terminarán por ser aún más dañinos para su salud. La apoteosis de la enfermedad llegará  aun especie de paroxismo que la dejará como muerta durante casi 4 días, y prácticamente paralizada en la cama durante más de un año.

Independientemente de los diagnósticos médicos o causas de esta enfermedad, parece evidente que la situación psicológica y de presión interna espiritual que vive Teresa previa a su enfermedad es una situación complicada, que remite a un terrible sentido de culpa y a una frustración profunda del sentido de la vida y de una posible realización personal.

Esta enfermedad, sin embargo, dejará sus secuelas físicas en Teresa, que nunca gozará –desde el punto de vista biológico- de una buena salud. De hecho parece que su sistema inmunológico quedará en cierto sentido debilitado, ya que no dejará de sufrir en muchas ocasiones episodios febriles y frecuentes dolores de cabeza.

Si bien la enfermedad o enfermedades que sufre Teresa  parecen reducir su capacidad operativa, lo cierto es que será también la ocasión para que se le abran nuevas perspectivas y la necesidad de darle un sentido nuevo a su vida. De hecho será en el transcurso de su segunda enfermedad cuando – por diversas mediaciones- comience a practicar la oración de recogimiento, que será la vía que facilitará el que Teresa comience a sobreponerse a su enfermedad.

2. Después de su conversión.





De hecho su capacidad de sobreponerse y de superar la invalidez va a intensificarse en la medida  en que a través del camino de la oración vaya descubriendo el sentido de su dignidad personal y el nuevo rostro de un  Dios misericordioso, amigo, frente al Dios Juez y castigador. Se podría afirmar que estos dos elementos (conocimiento de sí y conocimiento de Dios), van a ser la verdadera medicina para Teresa.

El encuentro personal con Cristo, el crecimiento en la amistad con Dios, va ir forjando en Teresa un modelo diferente de situarse en la vida.

 Si bien es cierto que su “frustración interna” tuvo efectos negativos en su salud física, también es cierto que el encontrar un sentido a su vida y vocación será la fuente de un gozo interior y de su capacidad de posicionarse frente a su debilitada salud de un modo totalmente nuevo. Esto favorecerá una convivencia “saludable” con todos sus problemas físicos. Y esto será una dinámica constante en Teresa hasta su muerte.

 

3.      La salud en la vida cotidiana de Teresa después de la conversión.

 

   Desde el simple acercamiento a su epistolario podemos darnos cuenta de su manera de vivir, ya en la plenitud de su vida espiritual, el tema de la salud y la enfermedad, de su importancia y cómo no sucumbió cuando ésta falta, llevando adelante un modo saludable de afrontar la vida, aún en las limitaciones de la falta de salud.

   El tema  de la salud aparece como una de las preocupaciones más frecuentes en el epistolario teresiano, lo que nos hace ver la importancia que adquiere esta cuestión para Teresa. En casi todas sus cartas hay una preocupación latente por la salud de sus interlocutores, ya sea alegrándose de que está bien, ya sea lamentando su estado de falta de salud, o simplemente preguntando y deseando buena salud.


 
    Hay muchos consejos que ella da desde su experiencia: aguas medicinales, sangrías, buena alimentación, descanso, evitar calores o tejidos más saludables para cada circunstancia, etc… recomienda se coma carne y/ u otros productos si la salud lo requiere, recomienda que se eviten ayunos, penitencias, dormir poco, trabajos excesivos, etc… Y se ha de procurar que todo ayude a la salud del cuerpo, sin demoras:

 

“… A ser para la salud del alma, todo ha de posponerse; más para la del cuerpo es de hartos inconvenientes el hacer este principio, y tantos, que respondí poco a los muchos que se me representan…”(Cartas 91 – fragmento)

 

  Pero nunca cae en la tentación de absolutizar la salud, sino siempre orientada al mayor servicio, y cuando ésta falta, hacer que esa situación se convierta en algo positivo, es decir, que sirva de lección y orientación de cuáles son los valores verdaderos que han de motivar la vida. En este sentido la falta de salud para Teresa puede tener un valor pedagógico-teológico:

 

  “Harto grande será que se vaya entendiendo lo poco que se ha de hacer caso de vida que tan continuo da a entender que es perecedera, y se ame y procure la que nunca se ha de acabar”. (37,2; cf.24, 4;71,2)

 

Y en esta perspectiva trata de ver y enseñarlo todo, como medio que nos ha de llevar a     valorar lo que verdaderamente es fundamental:

 

“Una vez leí en un libro que el premio de los trabajos es el amor de Dios. Por tan precioso

precio , ¿quién no los amará? Así suplico yo a vuestra señoría lo haga, y mire que se acaba

todo presto, y váyase desasiendo de todas las cosas que no han de durar para siempre”.

(38,2) (cf. 136,1; 136,9.10, 137,1; 139,3-4; 143,1; 148, 3-4; 182, 7; 202,6, 213; 311,2; 337,1).

 

  Respecto a su salud personal es un tema que también aparece con frecuencia: sus dolores de cabeza, sus fiebres, las sangrías que le han hecho, dolores de todo tipo, etc… (cf. 14, 1: 17,2; 24,3). Pero sorprende que casi nunca habla de ello en tono de lamento.

 

Hay una aceptación evidente de sus limitaciones (cf.74, 1) y reconoce lo que le ayuda o no,

tanto en lo referente al clima como en alimentación 8cf. 24,3; 70,3;180,4, 185,2). Se nota

que busca cuidarse en la medida de lo posible, pero sin obsesiones en el tema.

 

  También aflora su capacidad de sobreponerse a esos condicionantes, casi siempre porque el Señor da fuerza para ello, y sus ansias de servirlo le ayudan a relativizar los muchos achaques, si bien reconoce que necesita un mínimo de salud para llevar adelante los muchos trabajos (cf.38,2). O como dice ella:

 

“Cuando el Señor ve que es menester para nuestro bien, da salud; cuando no, enfermedad” (24,4),

“Cuando el Señor quiere que alga algo, luego me da más salud” (71,2)

 

 

 

 

Incluso ve como una “gracia” sus males (dimensión pedagógica):

 

 “Cuento a vuestra señoría estos males porque no me culpe si no he escrito  a vuestra señoría, y porque vea que son las mercedes que el Señor me hace en darme lo que siempre le pido.

 

  Cierto, a mí me parecía imposible, luego que aquí vine, poder mi poca salud y flaco natural tanto trabajo, porque los negocios son muy ordinarios de cosas que se ofrecen en estos monasterios y de otras hartas cosas que aun sin esta casa me traían cansada, para que vea que todo se puede en Dios, como dice San Pablo.

 

  Dame en tan en un ser poca salud 8y que con esto lo haga todo, yo me río algunas veces), y déjame sin confesor y tan a solas, que no hay con quién tratar cosa para algún alivio, sino todo con miramiento.

 

 

  Aunque para lo que toca el regalo del cuerpo no ha faltado harta piedad y quien tenga   

  cuidado, y en lugar me han hecho harta limosna, que de la casa sólo pan como, y aun eso  

  no quisiera.” (41,2)

 

   No sólo lo acepta, sino que es capaz de verlo incluso como un valor positivo, una ocasión para crecer. Y se da por bien pagada con ellos:

 

“Trabajos grandes hasta ahora no han faltado y ocupaciones y poquísima salud los inviernos, por ser contraria a mis males esta casa.

 

  Todo lo doy por bien empleado después que veo las mercedes que su Majestad que ha hecho. Deseaba harto que supiese vuestra merced estas nuevas, y si le pudiese ver, consolarme haría mucho. Haga el Señor, en todo lo que sea servido”. (48,39) (cf. 198, 1-2, 230,1;244,4;335,2).

 

4.      La Salud que se forja desde el interior.

 

 


Este acercamiento tan somero a la experiencia y vivencia de la enfermedad en Teresa, pone de manifiesto algo que frecuentemente se olvida en el tema de la salud. La atención a la dimensión espiritual de la persona, donde se forja y se potencia la salud, pero principalmente la actitud saludable ante la vida.

 

Lo importante para Teresa, aún en medio de la posible enfermedad o carencia de salud, es la actitud interior con que se acoge:

 

  “Harto contenta estaba, que me decían tiene vuestra señoría mucha más salud. ¡Oh, si      tuviese un señorío interior como lo tiene exterior, que en poco tendía ya vuestra señoría estos que acá llaman trabajos!; que el miedo que tengo es el daño que hacen en su salud”. (Carta a doña María de Mendoza, en Valladolid Finales marzo 1569).

La gran lección y aporte que Teresa puede dar al mundo de la salud ciertamente nos habla de su experiencia y vivencia de la enfermedad. Pero donde realmente ella puede ofrecer aportes significativos es en la visión global e integral de la persona.

Sólo desde una dinámica que tenga en cuenta todo ser uno, especialmente la dimensión que llena y colma de sentido el todo que constituye la persona humana, se podrá hablar de una atención integral y humanizadora.

   Y seguramente se despertarán en la persona unas actitudes que le harán capaz de vivir de una forma saludable, ya sea con una buena salud física y psíquica, o en medio a la enfermedad.

   En estas páginas sólo hemos hecho insinuaciones que, profundizadas y ampliadas, pueden ofrecer buenas pistas de cara a una pastoral de la salud fundada en la sabiduría del corazón.

PASCUA DEL ENFERMO 2015

sábado, 16 de mayo de 2015

SANTA TERESA DE JESÚS EN LA ENFERMEDAD

 
 El Padre Luis Frontela, carmelita descalzo y vicario provincial de los Carmelitas de Castilla, fue invitado a participar en la XXX Campaña del Enfermo que la Delegación de Pastoral de la Salud organiza durante toda la semana en Valladolid. El Padre Frontela dedico su ponencia a "Santa Teresa en la enfermedad

martes, 21 de abril de 2015

LITURGIA PASCUA DEL ENFERMO - 10 DE MAYO

PASCUA DEL ENFERMO

Salud y sabiduría del corazón

“Otra mirada es posible con un corazón nuevo”

L I T U R G I A           10 de mayo
 

 

·      La Pascua del Enfermo (VI Domingo de Pascua) es el final de un itinerario que se inicia el 11 de febrero, Jornada Mundial del Enfermo.
·      La Campaña se centra en la recuperación de una mirada contemplativa hacia la persona doliente bajo el lema “otra mirada es posible con un corazón nuevo”, invitación que nos hace el Papa a través del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud.
·      La Iglesia española se acerca tradicionalmente en este domingo, en el seno de sus comunidades parroquiales, al mundo de los enfermos, sus familias y los profesionales sanitarios, así como mostrando el rostro de Cristo curando y acompañándoles.
·      La importancia de los símbolos en las celebraciones: el tema propuesto nos llama a resaltar varios posibles signos (también presentes en la Palabra): el Cirio pascual como luz de Cristo para nuestros ojos y nuestro corazón; la mirada de Dios y de Cristo, como lugar donde arranca el encuentro con él y la acción evangelizadora; el corazón de Jesús, como espiritualidad de la compasión de Dios hacia el que sufre; o la imagen de algún consagrado/a vocacionalmente servidor de los enfermos; haciéndolos presentes en los momentos litúrgicos o celebraciones principales.
·      También se puede y debe usar:
·      Cartel de la Campaña.
·      Subsidios litúrgicos,
·      Signos propuestos.
 
 
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En este VI domingo de Pascua la Iglesia española celebra la Pascua del enfermo.
El tema de este año es “Salud y sabiduría del corazón”, que remite a la recuperación de la mirada hacia la persona que sufre y la necesidad del compromiso de la fe viviendo las actitudes compasivas del corazón del Padre y del mismo Cristo con los enfermos.
El salmista nos ayudará a descubrir las maravillas que sigue actuando el Señor cada día en tantas personas. En especial cuando contemplamos al Dios Amor y cómo –amándonos- transforma nuestro corazón con una sabiduría compasiva que nos hace capaces de ver quién está sufriendo a nuestro lado y comprometernos con su mismo amor y su mismo corazón.
(Acogemos también en esta celebración a los hermanos que van a recibir el Sacramento de la Unción).
Con alegría y gozo, iniciamos esta celebración.
 
Oración de los Fieles: (puede escogerse alguna de las preces propuestas o todas)
Invocamos a Dios nuestro Padre, que resucitó a Jesucristo después de dar la vida por sus amigos, y le presentamos nuestras intenciones y las de todo el mundo.
R. Danos, Señor, la sabiduría del corazón.
    Por la Iglesia: para que todas las personas puedan experimentar en ella la fuerza del corazón misericordioso y acogedor del Padre. Oremos.
    Por nuestro mundo, marcado por el sufrimiento en sus distintas formas, para que Tú, Padre, lo transformes y pongas en su corazón la sabiduría y el Amor de tu Hijo Jesús. Oremos.
    Por nuestros hermanos enfermos: para que, experimentando el misterio de la cruz, sientan también la presencia cercana y fortalecedora del Resucitado. Oremos.
    Por las familias, los profesionales sanitarios, los voluntarios y todos aquellos que atienden y cuidan al enferm, tantas veces preciosos iconos de la sabiduría de Dios al lado del que sufre, para que su ejemplo sea luz para todos. Oremos.
    Por todos los religiosos y religiosas consagrados al servicio de los enfermos y pobres: para que sean imagen de la solicitud de Cristo por los hermanos que nos necesiten. Oremos.
    Por nuestra comunidad cristiana: para que tenga siempre unos ojos atentos y un corazón sensible a las necesidades de quien sufre, y se convierta en encarnación de tu Corazón misericordioso. Oremos.
Escucha, Padre, nuestra oración y danos un corazón compasivo para que nos mostremos siempre más atentos a las necesidades de nuestros hermanos que sufren. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
 
Sugerencias para la Homilía
1.      Las lecturas del día
Hch. 10,25-26.34-35.44-48: El don del Espíritu Santo se ha derramado también sobre los gentiles. El interrogante que se le plantea a los apóstoles: ¿a través de quién actúa el Espíritu? sigue siendo una cuestión actual. Pedro nos dice “Dios no hace distinciones”, y el Papa en el Mensaje del 11 de febrero nos advertía la tentación de juzgar al enfermo.
En el ámbito sanitario y en tantas familias con algún miembro enfermo se hace vida lo manifestado por Pedro: el Espíritu del Señor Resucitado, su misericordia y su estilo de cercanía, cariño y entrega a los que sufren no es patrimonio único de los creyentes. Tantas personas (familias, profesionales, voluntarios, amigos), sin ser creyentes, “practican la justicia” y el amor con sus hermanos enfermos continuando la obra de Cristo.
Ya nos advertía el Concilio Vaticano II: en ellos están “semillas de Evangelio” (AG,11). Demos gracias a Dios también por todo ello.
 
Sal. 97,1.2-3ab.3cd-4: El Señor revela a las naciones su salvación. El salmista nos invita a descubrir las maravillas que el Señor ha hecho y a saltar de alegría.
En la experiencia de la enfermedad es común la oración de petición, pero mucho menos lo es la de Acción de gracias. Hagamos descubrir a los creyentes también esta dimensión, a poner en nuestros ojos una mirada agradecida y expresémoslo en el marco apropiado de la Eucaristía.
 
1 Jn. 4,7-10: Dios es Amor. En este conocidísimo y precioso texto se nos llama a una mirada contemplativa para descubrir el Amor de Dios sobre nosotros.
Es cierto que la experiencia de la enfermedad a veces nos hace poner en duda nuestra concepción de ese amor, pero Cuál es el lugar de un padre, ¿curar en lugar del médico o acompañar amorosa y apasionadamente en el proceso?
 
Jn 15,9-17: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Tenemos presentes aquí las palabras de los obispos españoles para esta Jornada 2015:este mandato se sigue realizando plenamente hoy en muchos familiares que aman y dan su vida y salud por servir a su ser querido que está enfermo. Deseamos valorar y agradecer ese enorme testimonio de amor que no sólo le alcanza a él sino que es semilla de Evangelio para todos los que lo contemplan. En esta perspectiva de testimonio de entrega también queremos resaltar el servicio que ofrecen tantas órdenes religiosas que se dedican al cuidado de los enfermos y la promoción de la salud
. Concretamente este pasado año 2014 hemos asistido a la muerte de varios religiosos y religiosas que han dado la vida por cuidar y curar a los enfermos de Ébola. En el año dedicado
a la Vida consagrada vaya desde aquí nuestra gratitud y reconocimiento” (Mensaje de los obispos, Pascua del Enfermo 2015, n. 5-6).
Sin olvidar las palabras que el Señor nos dirige a nosotros: “yo os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure”.
 
2. Del  Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo, 11 febrero 2015:
 
·         La sabiduría es una actitud infundida por el Espíritu Santo en la mente y en el corazón de quien sabe abrirse al sufrimiento de los hermanos y reconoce en ellos la imagen de Dios.
·         Sabiduría del corazón es servir al hermano. Cuántos cristianos dan testimonio también hoy, no con las palabras, sino con su vida radicada en una fe genuina, y son «ojos del ciego» y «del cojo los pies». Personas que están junto a los enfermos  que tienen necesidad de una asistencia continuada, de una ayuda para lavarse, para vestirse, para alimentarse. Este servicio, especialmente cuando se prolonga en el tiempo, se puede volver fatigoso y pesado. Es relativamente fácil servir por algunos días, pero es difícil cuidar de una persona durante meses o incluso durante años, incluso cuando ella ya no es capaz de agradecer. Y, sin embargo, ¡qué gran camino de santificación es éste! En esos momentos se puede contar de modo particular con la cercanía del Señor, y se es también un apoyo especial para la misión de la Iglesia.
·         Sabiduría del corazón es estar con el hermano. El tiempo que se pasa junto al enfermo es un tiempo santo. Es alabanza a Dios, que nos conforma a la imagen de su Hijo, el cual «no ha venido para ser servido, sino para servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mt 20,28).
·         Sabiduría del corazón es salir de sí hacia el hermano. A veces nuestro mundo olvida el valor especial del tiempo empleado junto a la cama del enfermo, porque estamos apremiados por la prisa, por el frenesí del hacer, del producir, y nos olvidamos de la dimensión de la gratuidad, del ocuparse, del hacerse cargo del otro.
·         Sabiduría del corazón es ser solidarios con el hermano sin juzgarlo. La caridad tiene necesidad de tiempo. Tiempo para curar a los enfermos y tiempo para visitarles. Tiempo para estar junto a ellos, como hicieron los amigos de Job: «Luego se sentaron en el suelo junto a él, durante siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande» (Jb 2,13). Pero los amigos de Job escondían dentro de sí un juicio negativo sobre él: pensaban que su desventura era el castigo de Dios por una culpa suya. La caridad verdadera, en cambio, es participación que no juzga, que no pretende convertir al otro; es libre de aquella falsa humildad que en el fondo busca la aprobación y se complace del bien hecho.
Oración
 
Señor, en mi vida me pregunto
muchas veces cómo actuarías Tú.
Te veo junto a los enfermos, cómo les ayudas,
y cómo afrontas Tú el sufrimiento.
¡Cuánto me falta para parecerme a Ti!
Dame tu Espíritu, Señor.
Dame un corazón misericordioso como el tuyo.
Llénalo de esperanza cuando estoy enfermo
o cuando acompaño a quien lo está.
Ilumina mi mirada
para acercarme a los enfermos y sus familias
descubriendo sus necesidades,
pero también sus riquezas y recursos.
Y tú, María, que guardabas
todos los misterios de la vida en el corazón,
haz que yo guarde en el mío las preciosas
–y a veces dolorosas-
experiencias compartidas en medio del dolor,
y las transforme e