jueves, 24 de septiembre de 2015

2. ESPIRITUALIDAD


SECRETARIADO DIOCESANO DE PASTORAL DE LA SALUD

doc20150906151243_001

2.    ESPIRITUALIDAD

“Jesús pasó haciendo el bien, curando a los enfermos y anunciándoles la Buena Noticia” (Hech 10,38)

 

RASGOS DE LA ESPIRITUALIDAD

 

1.      El agente de Pastoral de la Salud entiende y vive la vida como un don:

 

La vida para un creyente es un Don de Dios, un regalo, un tesoro lleno de posibilidades que tenemos que desarrollar y cuidar en todos los estadios y circunstancias de la vida. No sólo en la salud, sino también en la fragilidad de la enfermedad debemos vivir y celebrar todas sus potencialidades.

 

Como en la parábola de los talentos, en todas las circunstancias existenciales podemos y debemos dar frutos. La sociedad de consumo y materialista sólo aprecia lo sano, joven, guapo y relega al olvido y al desprecio las otras realidades.

 

El agente de la Pastoral de la Salud es consciente de la delgada línea roja que hay entre salud y enfermedad, por eso vive, cuida y anima para que cada persona lleve una vida saludable y plena en todas las circunstancias y condicionantes que se encuentre.
 

2.      La espiritualidad del agente de pastoral de la salud se inspira en Cristo:

 

A)     El enfermo es el mismo Cristo: “A mí me lo hiciste”. Podemos tener muchas razones para “acompañar” a los enfermos pero en línea de fe y pastoral la prioridad será contemplar, descubrir, y acoger a Cristo en el enfermo.

 

B)     El agente de pastoral de la salud es un “enviado”. Cristo encomienda la misión y es el modelo acabado de cómo realizarla. Él es nuestra referencia. Lo vemos en la parábola del Buen Samaritano: Lc 10,30-35. “Ve y haz tu lo mismo”.

“La parábola del Buen Samaritano pertenece al Evangelio del sufrimiento. Indica, en efecto, cual debe ser la relación de cada uno de nosotros con el prójimo que sufre. No nos está permitido “pasar de largo”; con indiferencia; sino que debemos “pararnos” junto a él. Buen Samaritano es todo hombre que se para junto al sufrimiento de otro hombre, de cualquier género que ese sea. Esta parada no significa curiosidad, sino más bien, disponibilidad”.

(San Juan Pablo II, Doloris Salvifici 28)

 

Nos detenemos en seis momentos a tener en cuenta y que hoy en día también conservan toda su fuerza inspiradora:

 

B 1. Toma conciencia. “Al verlo…”

Cada uno de los tres protagonistas lo ve con corazón y ojos diferentes. El Samaritano no lo mira superficialmente, sino en profundidad. En aquel rostro y en esas heridas ve su propia fragilidad.

 

El agente de Pastoral de la Salud es capaz de leer los escenarios interiores y sabe discernir quien necesita una sonrisa acogedora; quien un apretón de manos o una oración; quien, una larga conversación; y quien, que se le deje en paz-

 

B 2. Compasión:”… se compadeció de él”

 

El ver se conjuga después con la respuesta interior, con la vibración del corazón que se deja conmover e interpelar por aquello que ve.

 

Un requisito esencial para desempeñar con amor el propio servicio es la capacidad para desempeñar con amor el propio servicio es la capacidad de sentir compasión, que no es ni piedad ni superioridad, sino dejarse afectar por el dolor del otro.


Si el agente de Pastoral de la Salud no ama lo que hace, si no siente pasión por los crucificados en su lecho de dolor, difícilmente será portador de esperanza ni fuente de consuelo.

 

B 3. Proximidad: “Se acercó”.

 

Muchos ven y sienten compasión pero siguen adelante ocupados, en sus “cosas”. Hoy, las escenas cotidianas de pobreza, marginación, soledad, enfermedad y sufrimiento llegan a nuestros oídos y las vemos y oímos en nuestros barrios; por eso es un deber ineludible hacer un sabio discernimiento sobre el modo más apropiado de ayudar. En las escenas anteriores del relato del samaritano quedaría bloqueadas y estériles sin este paso concreto de implicación.

 

El agente de Pastoral de la Salud tiene el privilegio de ofrecer su presencia y acercarse desinteresadamente a los enfermos. La visita tiene que estar preparada y orada.

 

B 4. Entrega: “Le vendó la herida, echando en ellas aceite y vino”.

 

En la escena el Buen samaritano no se acercó con las manos vacías, sino con recursos de primeros auxilios.

 

El agente de Pastoral de la Salud tampoco debe acercarse con las manos vacías o confiando en la improvisación, sino que ofrece al enfermo lo que es y lo que tiene, (a ejemplo de Pedro en su encuentro con el mendigo en la puerta del templo Hch 3,6). Nunca debe ir con consejos terapéuticos, ni reducir la conversación exclusivamente a la curación física o a la proyección de sus penas; sino con una mirada de fe su presencia tiene que estar llena de pequeño gestos cargados de Esperanza, de Amor y de Trascendencia. La calidad de la comunicación tiene su base en la escucha atenta que orienta hacia respuestas más apropiadas en lo humano y en lo trascendente.

La enfermedad se convierte en una oportunidad para educar en la salud entendida también en sentido interior desde la Palabra de Dios, la oración y los Sacramentos.

 

B 5. Acompañamiento: “Lo montó en su cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él”.


Tres verbos, describen esta acción de acompañar: montar, llevar, cuidar. Acompañamiento implica prestar ayuda continuada, disponibilidad de presencia. Acompañar es recorrer un trecho de camino con quien se siente solo y sin confianza o con quien busca un sentido de cuanto le está sucediendo.

Como en todas las intervenciones del voluntariado, más que la cantidad, lo que cuenta es la calidad del tiempo dedicado a las personas.

 

B 6. Colaboración: “Al día siguiente sacó dinero y se lo dio al posadero, diciendo: cuida de él, y lo que gaste de más yo te lo pagaré a mi vuelta”.

 

Después de encontrar un lugar donde hospedarlo, involucra al posadero para que le ayude.

Hoy en día hemos reemplazado la posada por los hospitales, los ambulatorios, la residencia de ancianos… El posadero ha sido sustituido por médicos, enfermeras, asistentes sociales, psicólogos, capellanes… En estos ambientes se vuelve a plantear el reto de la parábola. Nosotros debemos involucrarnos, hay muchas formas de colaboración.

 

C)     El agente de la pastoral de la salud es un “enviado” por la iglesia.

 

A través de él, es, en efecto, Jesucristo, por su iglesia, el que atiende, escucha y ama al enfermo. Saber que nuestra visita a los enfermos compromete a la Iglesia además de tener una actitud de seriedad, respeto y constancia debe comprometernos en nuestro amor y colaboración.

 

3.       La espiritualidad del agente de pastoral de la salud se centra en el misterio pascual.

“La Pastoral de la Salud es la respuesta a los grandes interrogantes de la vida, como son el sufrimiento y la muerte a la luz de la muerte y resurrección del Señor”. Documento de Aparecida (418).

 

“Como resultado de la obra salvífica, el hombre existe en la tierra con la esperanza de la vida y de la santidad eternas. Y aunque la victoria sobre el pecado y la muerte, conseguida por Cristo con su muerte y resurrección no suprime los sufrimientos temporales de la vida humana, no libera del sufrimiento toda la dimensión histórica de la existencia humana, sin embargo toda esa dimensión y sobre cada sufrimiento esta victoria proyecta una luz nueva, que es la luz de la salvación” ( San Juan Pablo II, Doloris Salvifici 15).


LA CRUZ: ilumina el sufrimiento e inspira y motiva nuestro comportamiento ante el mismo Cristo paciente. “Puede afirmarse que, junto con la Pasión de Cristo todo sufrimiento humano se ha encontrado en una nueva situación” (San Juan Pablo II, Doloris Salvifici 19).

 

LA RESURRECCIÓN: ilumina, motiva e inspira la lucha por la salud y por las vidas. “Quienes participan de los sufrimientos de Cristo tienen ante sus ojos el misterio pascual de la cruz y de la resurrección, en la que Cristo desciende, en una primera fase, hasta el extremo de la debilidad y de la impotencia humana”. (San Juan Pablo II, Doloris Salvifici 23).

 

“Los testigos de la cruz y de la resurrección de Cristo han trasmitido a la Iglesia y a la humanidad un específico Evangelio del sufrimiento”. (San Juan Pablo II, Doloris Salvifici 19).

 

4.      La espiritualidad del agente de pastoral de la salud se autentifica desde los valores del Reino.

 

Son los valores del reino, no la eficacia y el éxito, sino la opción por los más necesitados, la opción por la sencillez evangélica, la gratuidad, el realismo evangélico (siervos inútiles somos, hicimos lo que teníamos que hacer”), dejar a Dios su lugar y no ocuparlo nosotros.

 

5.      La espiritualidad se vive y se enriquece en el servicio concreto al enfermo en sus necesidades:

 

Ambos son sujetos, dan y reciben. El agente de Pastoral de la Salud se deja por el enfermo, trata de poner en marcha sus recursos, se deja evangelizar por él.

PORQUE:

-          Nos ayudan a ser realistas.

-          Nos enseñan a relativizar los valores.

-          Nos llaman a vivir y recuperar los valores fundamentales del Evangelio (la gratuidad, la fuerza del amor, la entrega en la hora de la prueba).

-          Nos invita a la solidaridad humana, el amor servicial, a ser sensibles ante la necesidad del otro, el amor desinteresado.

-          Nos muestran el rostro de Jesús, Dios sufriente que comparte por amor hasta el dolor y así nos salva.

-          Porque nos testimonian la esperanza, la paz serena y hasta la alegría en las distintas etapas de la enfermedad.

6.      La espiritualidad del agente de Pastoral de la Salud se forja desde la propia experiencia del sufrimiento, desde las propias heridas.

 

Es llamo a integrar los propios sufrimientos en su vida, a dejarse educar por las propias heridas, a capacitarse así para acercarse y auxiliar a los que sufren, guiados por el ejemplo y la fuerza de Cristo bajo la acción del Espíritu.

 

7.      La espiritualidad del agente de Pastoral de la Salud cultiva de comunidad.

 

Su misión específica consiste en: visitar a las personas enfermas en nombre de la comunidad cristiana” a la que pertenece y que delega en él su servicio. Se siente enviado por la comunidad y lo hace en su nombre.

No lo hace aislado, sino unido y coordinado con los demás voluntarios miembros del grupo, y apoyado espiritualmente por los demás grupos y el resto de la comunidad.

 

8.      La espiritualidad del agente del pastoral sanitario necesita nutrirse y alimentarse.

El agente de Pastoral de la Salud se nutre de la reflexión y de la preparación personal y en grupo.             De la oración antes y después de su trabajo con los enfermos y sus familias, y con el grupo de voluntarios.

De los sacramentos que nos proporcionan la VIDA espiritual: ellos son la fuente de gracia, de alegría y de gozo. Es la Eucaristía se llena DE Jesús para llevarle y entregarle a los enfermos.

              UNA ORACIÓN

Bendíceme,

Dios de la bondad,

y bendice todo cuanto hoy

tome en mis manos.

 

Bendice mi trabajo,

para que, correctamente hecho,

se convierta también

en bendición para otras.

 

Bendice mis pensamientos,

para que piense bien de los demás.

 

Bendice mis palabras,

para que despierten vida en ellos.

Bendice mi vida,

para que con ella haga realidad continuamente

la imagen única que tú has hecho de mí.

 

Continuamente

Bendíceme para que yo,

con todo cuanto soy,

pueda convertirme

en fuente de bendición

para las personas

con  las que me encuentro.

 

Concédeme creer que todas ellas

son bendecidas por ti.

Entonces las veré con otros ojos

y reconoceré la bendición

que sale a mi encuentro en cada persona.

 

Bendice a todas las personas

que llevo en mi corazón,

Dios bueno y misericordioso,

Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amen

                       ANSELM GRÜN

 

BIBLIOGRAFÍA: Arnaldo Pangrazzi. La pastoral de la salud. Sanación global. Sal Terrae. Salvifici doloris (1985) San Juan Pablo II.

1. EL AGENTE DE PASTORAL DE LA SALUD


SECRETARIADO DIOCESANO DE PASTORAL DE LA SALUD
doc20150906151243_001


1.    EL AGENTE DE PASTORAL DE LA SALUD

 

“Id proclamando que el reino de los cielos está cerca. Sanad enfermos” (Mt 10,7-8)

 

EL VISITADOR DE ENFERMOS O EL AGENTE DE PASTORAL DE LA SALUD

 

¿QUIÉN ES?

 

¿Quién es el visitador de enfermos o el agente de Pastoral de la salud?

·        Es un creyente cristiano que vive su fe con un compromiso.

·        Es una persona que tiene una vocación, y que realiza una tarea misionera.

·        Alguien que se siente llamado por Dios para estar cerca del que sufre. Va a ser su presencia amorosa. Por tanto es un enviado.

 

Enviado por Jesucristo para hacer lo que El hizo en la tierra: escuchar, acompañar, aliviar a los enfermos.

 

Enviado por la comunidad. Representa a la comunidad parroquial que le envía para que en su nombre, esté cerca de los enfermos y les ofrezca su apoyo.

 

CUALIDADES Y ACTITUDES

 

Estas cualidades (las características, los conocimientos…) y actitudes (la forma de actuar cada uno, el comportamiento que tiene…), le servirán al visitador de enfermos para ir trabajando una forma de ser y de vivir que le ayudará cuando tiene que relacionarse con el enfermo, el sufrimiento y todo que le rodea.

 

Y también cuando tiene que relacionarse con la vida parroquial.

 

Ante todo es:

PERSONA ESPIRITUAL

-          Que valora la vida espiritual y vive la relación con Dios a través de la oración.

-          Que contempla el misterio del sufrimiento donde Dios está siempre acompañando al que sufre.

-          Que quiere estar cerca del que sufre, para consolarle y servirle de apoyo. De tal forma que el enfermo se sienta ayudado a vivir su situación con la compañía amorosa del Padre.

Abierta al trabajo en EQUIPO

-          Cree y favorece el trabajo en equipo.

-          Y tiene capacidad de trabajar en equipo.

-          Receptiva a las aportaciones de los otros.

-          Con  interés por la formación. Con esfuerzos para cultivar su inteligencia y su conocimientos. Y de cuidar un corazón afable, bondadoso. Siempre con deseos  de prepararse para hacer el trabajo con los enfermos, lo mejor posible.

Es una persona rica en:

HUMILDAD

Humildad sinónimo de calidad de persona.

Para acercarse al enfermo con actitud humilde, comportamiento humilde, acogiendo sus creencias, convencidos de que vamos a aprender y no sentirnos maestros.

Humildad y realismo. Con frecuencia la persona a la que visitamos, está en situación de sufrimiento y necesita que nos acerquemos dándonos cuenta de lo que ella está pasando. En un encuentro así verás que tu diálogo no debe tener palabras vacías, como: tienes que tener ánimo, esto pasa pronto.

No estamos para dar diagnósticos de lo que le pasa al enfermo, pero sí, para acoger sus sentimientos. Ejemplo: Un anciano dice “me voy a morir pronto”, y nosotros le contestamos, ¿por qué dice eso, cómo se encuentra?...O “tiene muchos años y piensa que puede llegar la muerte ?

Otro puede decir: “estoy muy solo, me han olvidado”.

Otro: “Veo que esto no mejora”

Nuestra respuesta siempre con realismo, centrada en la persona y en sus sentimientos.

Comunica:

SENCILLEZ Y SERENIDAD

Despertando confianza.

Estas actitudes se reflejan en nuestras expresiones, en el tono de voz y en nuestros gestos sencillos, con naturalidad, con serenidad y seguridad.

No son las palabras altisonantes las que más ayudan al enfermo. Hay preguntas que se plantean no para ser contestadas sino que ellas mismas interrogan a la persona que las plantea. Ejemplo: Uno dice  ”yo ya no voy a ser lo que era, cada día estoy más torpe…” No tiene necesidad de nuestra respuesta, se siente con confianza para pensar en alto.

Atentos, sin fingimiento ni dobleces. Que no demos mala impresión. Siempre delicados, con cuidado como para no molestar. ( como puntillas ).

Ofrece:

PACIENCIA

La situación de enfermedad cambia  a las personas, (las hace exigentes, centradas en sí mismas…)

Por eso se necesita paciencia para escuchar todo tipo de desahogos.

En el mundo de la enfermedad y el sufrimiento, la duda y la pregunta; el temor y la esperanza, son ingredientes que siempre están presentes.

 

COMPRENSIÓN

Comprender sus expresiones y comportamientos: Si repite los argumentos… Si está inquieto. Comprenderle y además creerle, hacemos cargo de lo angustiado que se siente y mostrarnos comprensivos para que el enfermo vea que le creemos.

Actitud comprensiva no es ser blandengue, es decirse a sí mismo: quiero comprenderte, pero aunque no te comprenda, aunque no entienda lo que piensas y lo que estás viviendo, yo te acojo así, tal como te sientes.

 

RESPETO

Al enfermo y a la familia, aunque veamos cosas que nos sorprenden. Pues como decimos, la enfermedad nos cambia y no sabemos lo que haríamos si nosotros estuviéramos en su lugar.

Respetar, también las convicciones y las creencias, “las manías”, sabiendo que nosotros no vamos a dar lecciones.

Jesús invitó a no juzgar, ni siquiera cuando hay razones visibles para ello. Tampoco yo te condeno (Jn 8,10-11) .

 

El  Visitador de enfermos o Agentes de Pastoral es:

PRUDENTE

Todo el actuar tiene que estar regido por la Prudencia y la Discreción.

-          En el decir o no decir, como hay que decirlo, y lo que hay que callar.

-          En el hacer. Siempre muy correctos. No invadir el terreno del enfermo. Permanecer a una distancia prudente.

-          En el mirar: concentrar nuestra atención  en el enfermo o su familia. Intentar captar la situación, sin mirar descaradamente, sin curiosear el recinto donde estemos.

Una imprudencia nos puede estropear y los asuntos de los que se tenga conocimiento a través de este servicio del voluntariado.

DISCRETO

Con todas las confidencias y los asuntos de los que se tenga conocimiento a través de este servicio del voluntariado.

 

Vive en:

DISPONIBILIDAD

Que nos tiene que llevar a estar:

Despiertos para captar la situación del enfermo, conocer sus sensibilidades, gustos y necesidades…

Despiertos: No quiere decir curiosos, meternos en lo que no se debe; mirar fiscalizando todo. No. Despiertos con una mirada observadora, tratando de conocer su realidad-

Despiertos para dar apoyo, ayudar, pero también para recibir. Porque los enfermos nos enseñan muchas cosas, entre otras, nos ayudan a “mirar la vida con agradecimiento, a valorar lo importante”.

Y dispuestos para dar nuestro tiempo, que nosotros consideramos es muy valioso.

Dispuestos para regalar nuestra escucha y nuestra comprensión, cosa que supone esfuerzo, y que no es fácil hacerlo.

Cuando nos acercamos al enfermo, a veces llevamos la mente ocupada con las cosas de nuestra vida: Las alegrías, tristezas, preocupaciones, proyectos…todas nuestras vivencias. En el momento de estar con el enfermo tenemos que dejar todo apartado y ponernos con la mente vacía, dispuestos para “acoger” todo lo que quiera decirnos, o comunicarnos.

Esto es una forma de vivir la disponibilidad, “dar al enfermo el regalo de nuestro tiempo”.

El modo de vivir la disponibilidad al igual que otras de las cualidades que están aquí señaladas, va estar marcado por:

·        El enfermo: sus características y necesidades-

·        Las veces que le hayamos visitado. Y, le vamos conociendo.

·        El grado de confianza que ya tengamos entre ambos.


Así esta trayectoria de conocimiento y confianza que tengamos, es la que dará la pauta de nuestro comportamiento.

Cuidado: la experiencia no debe relajarnos y descuidar el modo de comportarnos.

Es importante estar atentos a la situación de cada momento y a las necesidades del enfermo.

A primera vista parece fácil, pero bien vivido puede hacernos cambiar nuestro modo espontáneo e impulsivo, por una actitud serena y de acompañamiento.

 

¿QUÉ PODEMOS OFRECER?

Observamos su situación: Siempre lo que convenga para el enfermo.

Aquí damos alguna pista.

·        Se necesita hablar, le escuchamos.

·        Si le gusta escuchar, estar entretenido: le damos conversación.

·        Si quiere soledad, saludarle y nos vamos. No molestar.

·        O puede preferir que le acompañemos en silencio.

·        Si quiere moverse, le ayudamos a dar un paseo.

·        Igual le gusta algún juego de mesa. O que le informemos sobre las noticias, sucesos, etc.

·        Estar atentos a sus necesidades básicas y que acaso no puede hacer por sí mismo: Beber un sorbo de agua, abrigarse con una chaqueta o quitársela porque tiene calor, sentarse cómodo…
 

Atento a:

LA ESCUCHA

Interesarse por el mundo del enfermo que visitamos. Quizás sea este el primer significado de la palabra escucha. No hay escucha sin interés.

Si no ponemos atención, oímos pero No escuchamos realmente.

Somos más dados a querer quedar bien con buenas palabras, que aponernos a disposición de escuchar lo que nos quiere decir.

Todos. Desde los niños hasta los ancianos tienen necesidad de ser escuchados. Pero no se nos ha enseñado a escuchar.