martes, 10 de enero de 2023

JORNADAS DE PASTORAL DE LA SALUD Y JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2023

 

2 de Febrero:

Presentación de la Campaña del Enfermo 2023

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Catequesis sobre la vejez (Papa Francisco)

         Por D. Rafael Gil Vicuña, Director del Secretariado Diocesano de Pastoral de la Salud.

9 de Febrero: 

“El Enfermo Anciano” 

Por D. Guillermo Treviño Fernández

Capellán del Hospital Provincial de La Rioja. 

9, 10 y 11 de Febrero

19:30 Santa Misa y Triduo a la Virgen de Lourdes

 Parroquia de Santiago El Real de Logroño.

11 de Febrero: 

JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

Hospitalidad de Ntra. Sra. de Lourdes de La Rioja.

18:45 Procesión de Antorchas, desde la Plaza de la Iglesia de San Bartolomé (Rezo del Santo Rosario por los enfermos).

19:30 Eucaristía, en la Parroquia de Santiago El Real de Logroño, presidida por nuestro obispo D. Santos Montoya Torres.

(Cena de Hermandad de la Hospitalidad de Lourdes 

de La Rioja) 

16 de Febrero:

(Video-Forum)

“La ancianidad riqueza de frutos y bendiciones”

 Orientaciones para la Pastoral de las personas mayores,

 con la participación de Cáritas Rioja, Pastoral Familiar , Hospitalidad de Lourdes y Pastoral de la Salud. 

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Lugar de las charlas  : Salón de las  Oficinas Diocesanas , Logroño   /  Hora: 17:30

 

RETOS DE LAS PERSONAS MAYORES.


 


 

1.- Texto bíblico.

“Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso es el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.

Cuidado con los profetas falsos; que se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Así todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos… Es decir por sus frutos los conoceréis.”

(Mt 7, 13-20).


2.-Reflexión pastoral.

El paso de una etapa a otra en el itinerario de la vida supone siempre algún reto. Es lógico que se sienta en la transición de la madurez a la vejez. No se ha de tener miedo a enfrentarse a las incidencias que trae consigo. Ante esta realidad me viene al pensamiento aquel famoso poema del poeta norteamericano Robert Frost, “el camino no elegido” (1916) que aparece referido en la película “El club de los poetas muertos” (1989): “… encontré dos caminos que se bifurcaban en el bosque y yo… tomé el menos transitado, y eso marcó la diferencia.”. Ante esta cita no puedo, por menos, evitar reflexionar sobre la importancia que tienen para nuestra vida y nuestra realización personal en las elecciones que se hacen a lo largo de su paso.

Hemos sido creados para afrontar retos; contamos con la capacidad mental, física, psicológica e incluso la capacidad de reacción, dadas por Dios para asumir y superar los retos que representan vivir en este mundo.

 

Todos, en algún momento de nuestra vida, llegamos a alguna realidad que aparece frente a nosotros y tenemos varias opciones para elegir. Y es en esa situación cuando se ha de tener el suficiente coraje para tomar el camino correcto. La persona mayor, en su etapa, también tiene una dimensión existencial que modifica la relación del individuo ante las situaciones que se le van presentando. Veamos tres ejemplos de realidades que el mayor ha tenido que enfrentarse como reto:

 

  • La soledad no deseada. Esta realidad es uno de los principales problemas en la actualidad, y según datos estadísticos, afecta a la mitad de la población con más de 80 años. Todo aquello que va asociado a la etapa del envejecimiento: pérdida progresiva de los refuerzos sociales, culturales y familiares pueden ser desencadenantes del aislamiento social. Debido a su efecto tanto en la salud física, mental y emocional, la soledad no deseada hace a las personas mayores más vulnerables ante ciertas patologías afectando y disminuyendo su calidad de vida y su bienestar: “El que la soledad sea impuesta, la duración de la misma y la cantidad y calidad de las relaciones son los aspectos más importantes para entender por qué se siente en algunas circunstancias, teniendo presente la diversidad de personalidades, y que a medida que se envejece es más probable que los tres se den a la vez, produciendo un sentimiento de soledad más profundo que en etapas anteriores de la vida. Sentirse y vivir sin compañía cuando uno la desea y/o la necesita es uno de los problemas más graves que conciernen a los mayores, especialmente si carecen de afectos y lazos familiares.” (Subcomisión Familia y Defensa de la vida de la CEE, “La ancianidad: riqueza de frutos y bendiciones.”; 2022; pg. 14). Con motivo del Congreso “la riqueza de los años” el Papa Francisco animó a los participantes a colaborar a acompañar la soledad de los mayores: “Salid a las calles de vuestras parroquias y buscad a los ancianos que viven solos. La vejez no es una enfermedad, pero con caridad, cercanía y consuelo espiritual podemos curarla.” (Francisco Papa. Discurso a los participantes del Congreso Internacional “La riqueza de los años” de 31 de enero de 2020).

 

  • Fomentar el diálogo intergeneracional. El modo de relacionarse de personas que pertenecen a distintas generaciones es básico para el buen funcionamiento y armonía de los diferentes grupos que componen la sociedad. Cada grupo generacional tiene cosas importantes e interesantes para ofrecer a los otros, de manera que recíprocamente se nutran en dicho intercambio. Se podría decir que dichas relaciones intergeneracionales son el pilar de la existencia de un estado armónico de la comprensión y aceptación de todas las etapas de la vida humana. Esta iniciativa tiene la pretensión de sensibilizar a la sociedad y a la Iglesia sobre la valiosa contribución que aportan las personas mayores al resto de generaciones: “De ahí que sea tan necesario promover una “alianza entre jóvenes y ancianos”, para llenar el vacío de la indiferencia y ayudar a los jóvenes a “afrontar el futuro”, para que se dé esa continuidad entre generaciones y no haya un abismo entre unos y otros como está sucediendo en nuestros días.” (Subcomisión Familia y Defensa de la vida de la CEE, “La ancianidad: riqueza de frutos y bendiciones.”; 2022; pg. 15).   El Papa Francisco defiende el diálogo intergeneracional y el valor de la familia en múltiples documentos y alocuciones, entre ellos las catequesis que ha dirigido a los ancianos: “Es necesario el diálogo entre generaciones: si no hay diálogo entre jóvenes y ancianos, entre adultos, si no hay diálogo, toda generación permanece aislada y no puede transmitir el mensaje. […] La alianza entre generaciones es indispensable. Una sociedad donde los ancianos no hablan con los jóvenes, los jóvenes no hablan con los ancianos, los adultos no hablan con los ancianos ni con los jóvenes, es una sociedad estéril, sin futuro, una sociedad que no mira al horizonte, sino que se mira a sí misma. Y se queda sola. Que Dios nos ayude a encontrar la música adecuada para esta armonización de las diferentes edades: los pequeños, los ancianos, los adultos, todos juntos: una hermosa sinfonía de diálogo.” (Francisco Papa, “La longevidad: símbolo y oportunidad.”, en “La edad anciana, una bendición para la sociedad. Catequesis del Papa acerca de la vejez.”; 2022, pg. 9, 12).

 

  • Consecuencias de la pandemia. La pandemia de la Covid-19 ha cambiado muchas cosas de nuestra vida cotidiana, afectando a todas las facetas de la vida de la sociedad. Ha cambiado la percepción y el comportamiento como sociedad. En lo que respecta al mundo de las personas mayores, se ha hecho patente el denominado “edaismo” como una realidad discriminatoria. Ha enfatizado las necesidades y vulnerabilidades que tienen las personas mayores en lo que respecta a su derecho a la salud: “Si todos somos conscientes de que la pandemia nos ha hecho sentir vulnerables y necesitados del afecto de nuestros seres queridos, de un modo especial muchas personas mayores han experimentado en este tiempo la necesidad de que la Iglesia se muestre más que nunca como una comunidad sensible y cercana a los que sufren el abandono, la soledad y la cultura del descarte.” (Subcomisión Familia y Defensa de la vida de la CEE, “La ancianidad: riqueza de frutos y bendiciones.”; 2022; pg. 17). Las personas mayores tienen el mismo derecho a recibir cuidados que cualquier otra persona. Ninguna vida es más valiosa que otra.

 

Quizás una de las consecuencias positivas de esta situación podría ser el desarrollo de la empatía y la solidaridad intergeneracional, entre las personas mayores y el resto de la sociedad, de manera especial con los jóvenes, colaborando cada uno desde su realidad ante la situación de soledad que se vivió en los momentos más intensos de la pandemia, como nos lo recuerda el Papa Francisco: “La pandemia, en la cual estamos todavía obligados a vivir, ha visto – por desgracia, muy dolorosamente- un revés para el obtuso culto a la velocidad. Y en este período, los abuelos actuaron como barrera ante la “deshidratación” emocional de los pequeños. La alianza invisible de las generaciones, que armonizan los tiempos y los ritmos, nos devuelve la esperanza de no vivir la vida en vano. Y devuelve a cada uno el amor por nuestra vida vulnerable, cerrándole el paso a la obsesión de la velocidad, que simplemente consume.” (Francisco Papa, “La longevidad: símbolo y oportunidad”, en “La edad anciana, una bendición para la sociedad. Catequesis del Papa acerca de la vejez.”; 2022, pg. 11).

3.- Cuestiones para reflexionar.


a)      La pandemia ha sido una tormenta inesperada y violenta, una dura prueba que ha golpeado la vida de todos, pero de manera especial a los mayores: enfermedad, muerte personal o de allegados, soledad, discriminación… ¿La respuesta a estas realidades se ha hecho a través del camino fácil muy transitado, o por el contrario, a través del camino menos transitado?

 

b)      ¿La Pastoral de la salud cómo puede acompañar a las personas mayores a abordar sus retos, desde un punto de vista integral, incorporando la visión sanitaria, social y pastoral?

 


4.- Para orar. 

A ti Dios mío elevo mi oración, por todos los que se sienten agobiados por el peso de los años, tu amorosa presencia permitió que se prolongasen sus días en la tierra.

  • Dios mío, ellos miran para atrás y ven todo el camino recorrido, desde las travesuras de la infancia hasta la fragilidad del ahora.
  • Retira Señor toda la amargura de sus espíritus y que recuerden con preferencia los hechos agradables y felices.
  • Borra cualquier señal de resentimiento causado por la ingratitud y la maldad de los que algún día pasaron junto a ellos, alegra sus corazones cansados y abatidos, dale los medios de revivir las alegrías de una vida normal y sociable.
  • Dios mío ahuyenta los fantasmas de la soledad, del abandono y del desprecio.
  • Rodéalos de amparo y calor humano en su diario vivir para que puedan mantener un ánimo bien dispuesto, abierto y feliz.
  • Recompensa la disposición que demostraron, con la bendición de aquella paz que viene de ti y supera todas las limitaciones de la vejez.
  • Amén. (Anónimo).

 

ACERCAMIENTO A LA REALIDAD DEL MAYOR.

 

1.- Texto bíblico.

“Hagamos el elogio de los hombres ilustres, de nuestros padres según sus generaciones. Grandes glorias exhibió el Señor, desde siempre ha mostrado su grandeza. Unos fueron soberanos en sus reinos y hombres famosos por su poder; consejeros notables por su inteligencia y expertos en anunciar profecías.

Otros guiaron al pueblo con sus consejos, con la inteligencia de la sabiduría popular y con las palabras sabias de su doctrina.

Hubo inventores de melodías musicales, compositores de poesías, hombres ricos dotados de poder, que vivieron en paz en sus casas.

Todos ellos eran honrados por sus contemporáneos y fueron motivo de orgullo en su tiempo.

Algunos de ellos dejaron un nombre que aún se recuerda con elogio. 

Otros no dejaron memoria, desaparecieron como si no hubieran existido, pasaron como si nunca hubieran sido, igual que sus hijos después de ellos.

Pero hubo también hombres de bien, cuyos méritos no han quedado en el olvido. En sus descendientes se conserva una rica herencia, su posteridad.

Sus descendientes han sido fieles a la alianza, y, gracias a ellos, también sus hijos.

Su descendencia permanece por siempre, permanece por siempre, y su gloria no se borrará. Sus cuerpos fueron sepultados en paz, y su nombre vive por generaciones. Los pueblos hablarán de su sabiduría y la asamblea proclamará su alabanza.”

(Ecl 44, 1-15).


2.-Reflexión pastoral.

El creciente número de personas mayores causa asombro, según se desprende de los últimos datos del informe del INE 2022, alertan del llamado “invierno demográfico” y sobre la severidad del progresivo envejecimiento por falta de nacimientos, provocando una inversión de la pirámide demográfica. Los cambios de configuración social son lentos, pero no dejan de ser previsibles sus consecuencias: afectaran a la sanidad, al sistema de sostenimiento de las pensiones, a la dependencia, a la manera de cuidar a los mayores, ya que serán mayores que cuidaran a personas muy mayores: “El aumento de la esperanza de vida y la mayor calidad de vida durante más años provoca que cada vez haya más mayores que están sanos y durante más años. En Europa se ha pasado de haber un 16% a un 30% de personas mayores en menos de 50 años. Y este dato, que inicialmente se nos presenta como algo positivo, se convierte en un problema económico, sanitario, social y eclesial; el envejecimiento de la población se ha convertido a día de hoy, en un problema para muchos.” (Subcomisión Familia y Defensa de la vida de la CEE, “La ancianidad: riqueza de frutos y bendiciones.”; 2022; pg. 12). Inclusive el Papa Francisco nos advierte en sus Catequesis sobre la situación del invierno demográfico respecto a la vejez como causante de la cultura del descarte: “Junto a las migraciones, la vejez es una de las cuestiones más urgentes que la familia humana está llamada a afrontar en este tiempo. No se trata solo de un cambio cuantitativo; está en juego la unidad de las edades de la vida: es decir el real punto de referencia para la comprensión y el aprecio de la vida humana en su totalidad. Nos preguntamos: ¿hay amistad, hay alianza entre las diferentes edades de la vida o prevalecen la separación y el descarte?” (Francisco Papa, “La gracia del tiempo y la alianza de las edades de la vida.”, en “La edad anciana, una bendición para la sociedad. Catequesis del Papa acerca de la vejez.”; 2022, pg. 5).

 

La mayor parte de los discursos y reflexiones sobre las personas mayores nos suenan con frecuencia a tópicos demasiado manidos. Esta impresión puede deberse, tal vez, al cambio de paradigma del envejecimiento y la presencia del mayor tanto en la familia como en la sociedad, en el momento actual.

 

Los avances gerontológicos y geriátricos han avanzado mucho pero no han conseguido frenar las consecuencias de ir cumpliendo años tanto en el plano fisiológico, psíquico y social de la persona mayor, incluso incrementado por situaciones de mayor dependencia en todos esos ámbitos. La actual sociedad no respeta debidamente los derechos, la libertad y la dignidad de los mayores, necesitando una sensibilización para que respete esa dignidad promoviendo una nueva manera de acompañarles. La familia también ha contribuido al “descarte” del mayor a través de un cambio de estructura y dinámica, descuidando el cuidado del mayor dentro de su seno, junto a la insuficiencia de centros institucionales para este cometido: “Un desequilibrio que tiene muchas consecuencias. La cultura dominante tiene como modelo único el joven-adulto, es decir un individuo hecho a sí mismo que permanece siempre joven. Pero, ¿es verdad que la juventud contiene el sentido pleno de la vida, mientras que la vejez representa simplemente el vaciamiento y la pérdida? ¿Es verdad esto? ¿Solamente la juventud tiene el sentido pleno de la vida, y la vejez es el vaciamiento de la vida, la pérdida de la vida? La exaltación de la juventud como única edad digna de encarnar el ideal humano, unida al desprecio de la vejez vista como fragilidad, como degradación o discapacidad, ha sido el icono dominante de los totalitarismos del siglo XX. ¿Hemos olvidado esto?” (Francisco Papa, “La gracia del tiempo y la alianza de las edades de la vida.”, en “La edad anciana, una bendición para la sociedad. Catequesis del Papa acerca de la vejez.”; 2022, pg. 6).

 

También la Iglesia en su labor de acompañamiento pastoral ha de sentir la necesidad de promover iniciativas en favor de las personas mayores sintiéndose interpelada a evangelizar a los mayores ante la cultura del descarte vigente en la sociedad: “No podemos considerar como un absoluto la ausencia de proyectos de futuro. El proyecto vital no se extingue hasta el último momento de nuestra existencia en esta vida. Hemos de ser conscientes de esta realidad, sobre todo en el trabajo pastoral de acompañamiento y motivación de las personas mayores.” (Subcomisión Familia y Defensa de la vida de la CEE, “La ancianidad: riqueza de frutos y bendiciones.”, 2022; pg. 11), o también como lo refiere el Papa Francisco: “En resumen, para una edad que ya es parte determinante del espacio comunitario y se extiende a un tercio de toda la vida, hay –a veces- planes de asistencia, pero no proyectos de existencia. Planes de asistencia, sí; pero no proyectos para hacerles vivir en plenitud. Y esto es un vacío de pensamiento, imaginación, creatividad. Bajo este pensamiento, el que hace el vacío es que el anciano, la anciana son material de descarte: en esta cultura del descarte, los ancianos entran como materia de descarte.” (Francisco Papa, “La gracia del tiempo y la alianza de las edades de la vida.”, en “La edad anciana, una bendición para la sociedad. Catequesis del Papa acerca de la vejez.”; 2022, pg. 7).

 

Desde el punto de vista espiritual y religioso la persona mayor, puede preguntarse cuál es el papel de Dios en esta nueva situación de vida. ¿Qué respuesta puede dar la fe a sus preguntas más hondas?, ¿Cómo encaja la espiritualidad y su religiosidad ante esta nueva etapa?: “La prolongación de la vida incide de forma estructural en la historia de los individuos, de las familias y de las sociedades. Pero debemos preguntarnos: ¿su calidad espiritual y su sentido comunitario son objeto de pensamiento y de amor coherentes con este hecho? ¿Quizá los ancianos deben pedir perdón por su obstinación a sobrevivir a costa de los demás? ¿O pueden ser honrados por los dones que llevan al sentido de la vida de todos? De hecho, en la representación del sentido de la vida —y precisamente en las culturas llamadas “desarrolladas”—la vejez tiene poca incidencia.” (Francisco Papa, “La gracia del tiempo y la alianza de las edades de la vida.”, en “La edad anciana, una bendición para la sociedad. Catequesis del Papa acerca de la vejez.”; 2022, pg. 6).

 

La pastoral de la salud que es concebida como humanizadora y evangelizadora que hace presente los gestos y las palabras de Jesús sanador, infundiendo consuelo y esperanza a los que sufren; que anuncia al Dios de la vida y que promueve la justicia y defensa de los derechos de los más débiles, comprometiendo a toda la comunidad cristiana para acompañar a las personas en sus diversas situaciones vitales, entre ellas la ancianidad: Se trata de un aspecto hoy central de la pastoral de la salud que, debido al aumento de la edad media, afecta a una población cada vez más numerosa, que tiene  muchas necesidades pero, al mismo tiempo, cuenta con indudables recursos humanos y espirituales.(Benedicto XVI. Discurso a los participantes de la XXII Conferencia Internacional del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, de 17 de noviembre de 2007). Atendiendo estas palabras del Papa podemos esbozar algunas pistas de acompañamiento de la pastoral de la salud hacia la persona mayor en situación de vulnerabilidad y fragilidad: acercarse al mayor y a su mundo para conocerle mejor, ayudarle a que siga sintiéndose persona digna, promoviendo iniciativas solidarias que le ayuden a él y a su familia a su integración en la sociedad, evangelizar sobre el valor de su vida en esta etapa vital.

 

3.- Cuestiones para reflexionar.

 

a)      Desde finales del siglo XX se viene hablando de un progresivo envejecimiento de la población en las sociedades desarrolladas, a causa de factores como la transición demográfica (menos nacimientos, más muertes), una fuerte emigración, el aumento de la esperanza de vida, la disminución de la natalidad. ¿Estos factores pueden ser causa de que las personas mayores sean vistas como un segmento poblacional objeto de condiciones de vulnerabilidad, abandono y maltrato?

 

b)      Según la doctrina social de la Iglesia ¿qué cambios deben producirse en el modelo de acompañamiento de las personas mayores, tanto a nivel ético, moral y pastoral para garantizar una óptima calidad de atención?

 


4.- Para orar.

Señor, te doy gracias

por haberme dado una larga vida.

Esta vida es la que te ofrezco, Señor,

con todas sus alegrías y sus penas,

con todas sus buenas acciones.

Gracias, Señor,

porque me concedes estos años de paz

para que tenga tiempo de orar.

Dame, Señor, la transparencia del anciano,

Que no busca ya nada para él

y sólo aspira a dejar un recuerdo en paz.

Te miro a ti, Señor.

Tu venida es para mí una luz. (Jacques Leclerq).


 

lunes, 9 de enero de 2023

EL MAYOR EN LA PASTORAL DE LA SALUD.

1.- Texto bíblico.

“A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre.

Tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído y sálvame.

Sé tú mi roca de refugio, el alcázar donde me salve, porque mi peña y mi alcázar eres tú.

 Dios mío, líbrame de la mano perversa, del puño criminal y violento.

 Porque tú, Señor, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud.

En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno tú me sostenías, siempre he confiado en ti.

 Muchos me miraban como a un milagro, porque tú eres mi fuerte refugio.

Llena estaba mi boca de tu alabanza y de tu gloria todo el día.

No me rechaces ahora en la vejez; me van faltando las fuerzas, no me abandones.

Porque mis enemigos hablan de mí, los que acechan mi vida celebran consejo; dicen: «Dios lo ha abandonado; perseguidlo, agarradlo, que nadie lo defiende».

Dios mío, no te quedes a distancia; Dios mío, ven aprisa a socorrerme.

Que fracasen y se pierdan los que atentan contra mi vida, queden cubiertos de oprobio y vergüenza los que buscan mi daño.

 Yo, en cambio, seguiré esperando, redoblaré tus alabanzas; mi boca contará tu justicia, y todo el día tu salvación, aunque no sepa contarla.

 Contaré tus proezas, Señor mío; narraré tu justicia, tuya entera.

Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas; 

  ahora, en la vejez y las canas, no me abandones, Dios mío, hasta que describa tu poder, tus hazañas a la nueva generación.

Tu justicia, oh Dios, es excelsa, porque tú hiciste maravillas: Dios mío, ¿quién como tú?

Me hiciste pasar por peligros, muchos y graves: de nuevo me darás la vida, me harás subir de lo hondo de la tierra; acrecerás mi dignidad, de nuevo me consolarás.

Y yo te daré gracias, Dios mío, con el arpa, por tu lealtad; tocaré para ti la cítara, Santo de Israel;

te aclamarán mis labios, Señor; mi alma, que tú redimiste; y mi lengua todo el día recitará tu justicia, porque quedaron derrotados y afrentados los que buscaban mi daño.”

(Salm 71,1-24).


2.-Reflexión pastoral.

La pastoral de la salud quiere ser la respuesta del Evangelio entendido como la “Buena Nueva” de la Salud que presenta a Jesús como Salud/Salvación de Dios para los hombres (Lc 4,18), de especial manera a los más frágiles y vulnerables. Pero no puede limitarse a esa sola línea de acción. Si bien la evangelización y la celebración de los sacramentos siguen siendo los ejes fundamentales de esta pastoral debe introducirse nuevas maneras de acompañar a los que quieren acercarse a Jesús Salud: cuidar la dignidad de la persona, su promoción humana y social.

 

Una de las expresiones más llamativas del Papa Francisco es la “cultura del descarte”. Frecuentemente se refiere a ella en sus discursos, catequesis y alocuciones. De este vasto magisterio podemos definirla como una forma de discriminación, como una práctica de la exclusión.

 

Dicha cultura de descarte es aplicable a la dignidad de muchos colectivos vulnerables y frágiles, incide también de manera muy grave al grupo de los ancianos, que son sistemáticamente relegados del ámbito social y cultural. El anciano, en el pensamiento del Papa Francisco, juega un rol muy valioso en la sociedad, pues es el testimonio de la memoria colectiva, la presencia viva de las raíces de una cultura, de una tradición.

 

La Pastoral de la Salud es el ámbito evangélico que tiene presente y actualiza la obra de Jesús, viendo su rostro en aquellos que sufren: “La pastoral de la salud es el servicio de atención espiritual y religiosa que la comunidad cristiana católica realiza en el mundo de la salud y de la enfermedad.” (Subcomisión Familia y Defensa de la vida de la CEE, “La ancianidad: riqueza de frutos y bendiciones.”; 2022; pg. 49). Realizando su misión en el encuentro con el enfermo, el mayor, su familia, los profesionales y agentes de pastoral, para potenciar una cultura más sensible al dolor, el sufrimiento, la soledad, la dependencia y el final de vida, a través del acompañamiento pastoral: “Atiende principalmente a personas mayores y a enfermos en cualquiera de las etapas, en centros socio-sanitarios, residencias, hospitales de la red pública y concertada y en domicilios, a través de las parroquias. Esta atención pastoral y religiosa la realiza fundamentalmente a través del acompañamiento pastoral.” (Ibídem; pg. 49).

 

Para poder realizar dicho acompañamiento pastoral es necesario tener presente el concepto de salud integral, que hace referencia no solo a la salud biológica, sino también a la salud biográfica que abarca los aspectos psicológicos, sociológicos y espirituales o trascendentes de la persona; conformando ambas su biografía única e irrepetible. Por ello, cuando el ser humano experimenta la fragilidad o la vulnerabilidad, todas sus dimensiones se ven afectadas y todas requieren una respuesta adecuada. La atención a las necesidades espirituales y religiosas de los vulnerables, sus familias, profesionales y agentes de pastoral, forman parte del acompañamiento pastoral integral como continúa recordándonos el citado documento: “Es muy importante cuidar la dimensión emocional en estos momentos de fragilidad, de forma que tanto el enfermo como el mayor puedan sentirse valiosos, cuidados y amados. Igual de importante es cuidar la dimensión espiritual porque es parte fundamental de la persona y la que en estos momentos nos da la oportunidad de “sentido.” (Ibídem; pg. 50).

 

La actividad pastoral de acompañamiento a las personas mayores es hoy urgente, si se tienen en cuenta el crecimiento de la población anciana al invertirse la pirámide de edades. Se trata este de un aspecto hoy central de la Pastoral de la Salud que, debido al aumento de la edad media afecta a una población más numerosa, que tiene muchas necesidades, pero, al mismo tiempo, cuenta con indudables recursos humanos y espirituales: “La persona, por lo tanto, debe estar en el centro de este nuevo paradigma de asistencia y cuidado de los ancianos más frágiles. Cada anciano es diferente del otro, no se puede pasar por alto la singularidad de cada historia: su biografía, su entorno de vida, sus relaciones presentes y pasadas. Para identificar nuevas perspectivas de vivienda y cuidado es necesario partir de una cuidadosa consideración de la persona, de su historia y de sus necesidades. La aplicación de este principio implica una intervención organizada a diferentes niveles, que realiza un `continuum´ asistencial entre el propio hogar y algunos servicios externos, sin censuras traumáticas, no aptas a la fragilidad del envejecimiento. […] Todo esto requiere un proceso de conversión social, civil, cultural y moral. Porque solo así se puede responder adecuadamente a la demanda de proximidad de las personas mayores, especialmente las más débiles y expuestas.(Pontificia Academia de la Vida, “La vejez: nuestro futuro.”, Ciudad Vaticano, 2021; pg. 13-14).

 

La preocupación pastoral por los ancianos también debe tener en cuenta el sentido espiritual y religioso en su ancianidad. La persona mayor está en una etapa importante del crecimiento espiritual; necesita dar una razón al momento en que se encuentra, a su enfermedad, a su sufrimiento y a la muerte; para sí poder vivir con paz interior dicho proceso vital.

 

Precisamente este podría ser el punto de encuentro entre ambas pastorales. Una visión pastoral integral de los ancianos, una pastoral capaz de dialogar al mismo tiempo con las ciencias médicas, con las ciencias humanas y con las exigencias espirituales-religiosas de la ancianidad. Porque la Pastoral de la Salud no es sólo visitar enfermos, sino además defender la salud, difundir una concepción más sana de la vida, promover costumbres más saludables, educar para la salud, tomar iniciativas contra la soledad, promover una vejez más sana, etc. Este será el vínculo que una a la pastoral de la salud y la pastoral de mayores.



3.- Cuestiones para reflexionar.

 

a)      ¿Parece oportuno realizar una reflexión y planteamiento desde la Pastoral de la Salud de la persona mayor, tal como se ha hecho desde el plano social, cultural y asistencial?

 

b)      Reflexionar y aportar ideas a la siguiente reflexión del Papa Francisco: “La vejez, ¡no es una enfermedad, es un privilegio! La soledad puede ser una enfermedad, pero con la caridad, la cercanía y el consuelo espiritual podemos curarla. En cualquier caso, llegar a anciano es un don de Dios y un enorme recurso, un logro que hay que salvaguardar con cuidado, incluso cuando la enfermedad llega a discapacitar y surge la necesidad de una atención integrada y de alta calidad”.

 


4.- Para orar.

Señor, escucha nuestra oración.

El anciano que vive con nosotros ha caído enfermo.

Ayúdale Señor, para que no se desaliente y se desespere.

Que sienta su presencia amorosa cada instante.

Queremos cuidarle de tal manera que se sienta acompañado, amado, acogido y valorado.

Deseamos atenderle como Tú lo harías.

Ayúdanos para que así sea.

Que su vulnerabilidad y fragilidad, manifestada en sus limitaciones, enfermedad o dependencia sea ocasión para que nuestra familia crezca humana y espiritualmente.

Que nos enseñe a amar desinteresadamente y a agradecer la salud y la vida que Tú nos regalas.

Amén. (Anónima).


 

DÉJATE CAUTIVAR POR SU ROSTRO

 "NO ME RECHACES AHORA EN LA VEJEZ; ME HAN FALTADO LAS FUERZAS NO ME ABANDONES" (Sal 71,9)



Déjate cautivar por su rostro.

Un saludo fraternal a cuantos cuidáis a quienes padecen por la enfermedad y las limitaciones que los años nos van imponiendo. Agradezco de todo corazón vuestra misión pastoral que siempre actualiza la caridad de Cristo que tuvo en los que sufren a sus preferidos. Tened la certeza de estar cada uno en el “corazón” de la Iglesia.

En esta “Campaña del enfermo”, se nos pone en primer plano a nuestros mayores. Se nos propone dejarnos “cautivar por su rostro” y, como nos proponía el Papa Francisco, volver a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño” (Evangelii gaudium 288). Conviene más que nunca comenzar una reflexión cuidadosa, clarividente y honesta sobre cómo la sociedad contemporánea debería “acercarse” a la población de edad avanzada (Academia Pontificia para la Vida, La vejez: nuestro futuro…). No se necesitan estrategias, sino relaciones humanas. Este material que llega a vuestras manos os será de gran utilidad en esa reflexión.

El Papa Francisco ponía de manifiesto “lo que sucedió con las personas mayores en algunos lugares del mundo a causa del coronavirus. No tenían que morir así. Pero en realidad algo semejante ya había ocurrido a causa de olas de calor y en otras circunstancias: han sido cruelmente descartados. No advertimos que aislar a los ancianos y abandonarlos a cargo de otros sin un adecuado y cercano acompañamiento de la familia, mutila y empobrece a la misma familia” (Fratelli tutti, 19). Hacemos nuestra la petición del salmista: “No me rechaces ahora en la vejez; me van faltando las fuerzas no me abandones” (Sal 71,9).

Muchas gracias por vuestra misión con mi afecto y mi bendición.

Vicente Ribas Prats

Obispo de Ibiza. Responsable de Pastoral de la Salud en la CEE.

martes, 27 de diciembre de 2022

Profanan el sagrario de la capilla del Hospital de Barbastro durante la Nochebuena

 


Desde el secretariado Inter diocesano de pastoral de la Salud (SIPS) de Aragón y La Rioja, expresamos nuestra consternación y repulsa ante el acto vandálico y de profanación, sucedido en la Capilla del Centro hospitalario de Barbastro.

Expresamos igualmente nuestra solidaridad, con los compañeros sacerdotes que allí desarrollan su actividad pastoral, acompañando al personal sanitario, enfermos y familiares.
La Capilla es para todos aquellos que a ella acuden, un oasis de paz y esperanza en medio del dolor y sufrimiento que en muchas ocasiones, el pasar por el centro hospitalario, se produce ante la pérdida de la salud.
Nos unimos en oración a nuestros compañeros y deseamos pronto se esclarezcan los hechos.

martes, 13 de diciembre de 2022

La fragilidad física necesita más solidaridad y menos lástima. Papa Francisco.



 El Papa recibe al Consejo Nacional de la Unión Italiana de Ciegos y discapacitados visuales.

Con los ojos del corazón y no con una cara de lástima que pretende aliviar un dolor sin una verdadera empatía con los que sufren. Y los ojos son realmente el centro del pensamiento del Papa para los dirigentes de la Unión Italiana de Ciegos y Discapacitados Visuales, recibidos en audiencia la víspera de la fiesta de Santa Lucía, patrona de la vista. Un gesto apreciado por Francisco -que recuerda que el 13 de diciembre es también el aniversario de su ordenación sacerdotal- y más aún porque porque se trata de una "asociación laica y no confesional". Una asociación que el Papa considera "una fuerza constructiva en la sociedad, en particular en la italiana, que atraviesa un momento difícil".

Normalmente se asocia a la discapacidad la idea de necesidad, de asistencia, y a veces -gracias a Dios cada vez menos- de una cierta conmiseración. "No, el Papa no te mira así; la Iglesia no te mira así". asegura el Pontífice. El punto de vista de los cristianos sobre la discapacidad ya no es ni debe ser la lástima y el mero asistencialismo, sino la conciencia de que la fragilidad, asumida con responsabilidad y solidaridad, es un recurso para todo el cuerpo social y para la comunidad eclesial.

“Lucía, mártir de Siracusa, nos recuerda con su ejemplo que la más alta dignidad de la persona humana consiste en dar testimonio de la verdad, siguiendo la propia conciencia cueste lo que cueste, sin doblez y sin compromiso”.

Para el Papa Francisco, esto significa “estar del lado de la luz, servir a la luz, como evoca el propio nombre de Lucía”. 

Lucía era una santa valiente, que seguía su conciencia "sin doblez y sin compromisos". Ser como ella significa, por tanto, ser personas "límpidas, transparentes, sinceras", significa "comunicarse con los demás de manera abierta, clara, respetuosa" y esto, señala Francisco, "contribuye a difundir la luz en los ambientes en los que se vive, a hacerlos más humanos, más habitables". Un papel, dice, que los ciegos y discapacidados visuales, bien formados "en principios éticos y conciencia cívica", pueden desempeñar también como protagonistas, en primera línea "para construir comunidades inclusivas, donde todos puedan participar sin avergonzarse de sus límites y fragilidades, cooperando con los demás para complementarse y apoyarse".

 todos nos necesitamos unos a otros, no sólo las personas con debilidades físicas, sino que todos necesitamos la ayuda de los demás para avanzar en la vida, porque todos somos débiles de corazón, todos.

En un siglo de vida, su trabajo, concluye el Papa, en la tutela de los derechos de las personas con discapacidad visual ha "contribuído al crecimiento civil del país" y la sociedad italiana "necesita esperanza, y ésta viene sobre todo del testimonio de personas que, en su condición de fragilidad, no se cierran, no se lamentan de su propia condición, sino que se comprometen junto a los demás para mejorar las cosas".

sábado, 3 de diciembre de 2022

Mensaje del Papa Francisco por Jornada Mundial de las Personas con Discapacidad 2022.

 

 Queridos hermanos y hermanas: 

Todos nosotros, como diría el apóstol Pablo, llevamos el tesoro de la vida en vasijas de  barro (cf. 2 Co 4,7), y el Día Internacional de las Personas con Discapacidad nos invita a  comprender que nuestra fragilidad no ofusca de ningún modo el resplandor del “Evangelio de la  gloria de Cristo”, más bien revela “que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de  Dios» (2 Co 4,4.7). A cada uno, sin méritos ni distinciones, se nos ha dado el evangelio íntegro y,  con él, la gozosa misión de anunciarlo. “Todos somos llamados a ofrecer a los demás el testimonio  explícito del amor salvífico del Señor, que más allá de nuestras imperfecciones nos ofrece su  cercanía, su Palabra, su fuerza, y le da un sentido a nuestra vida” (Exhort. ap. Evangelii gaudium,  121). 

Por eso, comunicar el evangelio no es una tarea reservada sólo a algunos, sino que es una  necesidad imprescindible de cualquier persona que haya experimentado el encuentro y la amistad  con Jesús.[1] 

La confianza en el Señor, la experiencia de su ternura, el consuelo de su compañía no son  privilegios reservados a unos pocos, ni prerrogativas de quienes han recibido una formación  cuidadosa y prolongada. Por el contrario, su misericordia se deja conocer y encontrar de manera muy particular a quienes no se fían de sí mismos y sienten la necesidad de abandonarse en el Señor  y de compartir con los hermanos. Se trata de una sabiduría que crece a medida que aumenta la  conciencia del propio límite, y que permite valorar aún más la decisión de amor del Omnipotente de  abajarse hacia nuestra debilidad. Es una conciencia que nos libera de la tristeza de la queja -incluso cuando hay motivos- y permite al corazón abrirse a la alabanza. 

La alegría que llena el rostro de los que encuentran a Jesús y le confían la propia existencia no es una ilusión o fruto de la  ingenuidad, sino la irrupción de la fuerza de su Resurrección en una vida marcada por la fragilidad. Se trata de un auténtico magisterio de la fragilidad que, si fuera escuchado, haría nuestras  sociedades más humanas y fraternas, induciendo a cada uno de nosotros a comprender que la felicidad es un pan que no se come a solas. ¡Cuánto nos ayudaría la conciencia de necesitarnos los  unos a los otros para tener relaciones menos hostiles con quienes están a nuestro lado! Y la  constatación de que tampoco los pueblos se salvan solos, ¡cuánto nos impulsaría a buscar  soluciones para los conflictos insensatos que estamos viviendo! 

Hoy queremos recordar el sufrimiento de todas las mujeres y de todos los hombres con  discapacidad que viven en situaciones de guerra, o de aquellos que están sobrellevando una  discapacidad a causa de los enfrentamientos. ¿Cuántas personas -en Ucrania y en los otros  escenarios de guerra- permanecen confinadas en los lugares donde se combate y ni siquiera tienen  la posibilidad de huir? Es necesario brindarles una atención especial y facilitarles el acceso a las  ayudas humanitarias por todos los medios. 

El magisterio de la fragilidad es un carisma con el que ustedes -hermanas y hermanos con  discapacidad- pueden enriquecer a la Iglesia. Vuestra presencia “puede ayudar a transformar las  realidades en las que vivimos, haciéndolas más humanas y acogedoras. Sin vulnerabilidad, sin  límites, sin obstáculos que superar, no habría verdadera humanidad”.


Por eso me alegra que el  camino sinodal esté siendo una ocasión propicia para que también se escuche finalmente vuestra  voz, y que el eco de esa participación haya llegado al documento preparatorio para la etapa  continental del Sínodo. En este se afirma: «Numerosas síntesis señalan la falta de estructuras y  formas adecuadas para acompañar a las personas con discapacidad y reclaman nuevos modos para  acoger sus aportaciones y promover su participación. A pesar de sus propias enseñanzas, la Iglesia  corre el peligro de imitar el modo en que la sociedad deja de lado a estas personas. Las formas de  discriminación enumeradas —la falta de escucha, la violación del derecho a elegir dónde y con  quién vivir, la negación de los sacramentos, la acusación de brujería, los abusos— y otras, describen  la cultura del descarte en relación a las personas con discapacidad. No surgen por casualidad, sino  que tienen en común la misma raíz: la idea de que la vida de las personas con discapacidad valga  menos que la de los demás».[3] 

El Sínodo, con su invitación a caminar juntos y a escucharnos mutuamente, nos ayuda sobre  todo a comprender cómo en la Iglesia —también en lo que se refiere a la discapacidad— no existe  un nosotros y un ellos, sino un único nosotros, con Jesucristo en el centro, donde cada uno lleva sus  propios dones y sus propios límites. Dicha conciencia, fundada en el hecho de que todos somos  parte de la misma humanidad vulnerable asumida y santificada por Cristo, elimina cualquier  distinción arbitraria y abre las puertas a la participación de cada bautizado en la vida de la Iglesia.  Pero, más aún, allí donde el Sínodo ha sido verdaderamente inclusivo, ha permitido derribar  prejuicios arraigados. Son, en efecto, el encuentro y la fraternidad los que abaten los muros de la  incomprensión y vencen la discriminación; por eso espero que cada comunidad cristiana se abra a la  presencia de hermanas y hermanos con discapacidad asegurándoles siempre la acogida y la plena  inclusión. 

Que se trate de una condición que respecta a nosotros, no a ellos, se descubre cuando la  discapacidad, de manera temporal o por el natural proceso de envejecimiento, nos afecta a nosotros  mismos o a alguno de nuestros seres queridos. En esta situación comenzamos a mirar la realidad  con ojos nuevos, y nos damos cuenta de la necesidad de derribar también esas barreras que antes  parecían insignificantes. Sin embargo, todo esto no daña la certeza de que cualquier condición de  discapacidad —temporal, adquirida o permanente— no modifica de ninguna manera nuestra  naturaleza de hijos del único Padre ni altera nuestra dignidad. El Señor nos ama a todos con el  mismo amor tierno, paternal e incondicional. 

Queridos hermanos y hermanas, les agradezco las iniciativas con las que animan este Día  Internacional de las Personas con Discapacidad, a quienes acompaño con mi oración. Los bendigo a  todos ustedes de corazón y les pido, por favor, que recen por mí.