lunes, 18 de abril de 2022

Efectos de la celebración del Sacramento de la Unción

 La gracia primera de este sacramento es una gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la vejez. 

 Por la gracia de este sacramento, el enfermo recibe la fuerza y el don de unirse más íntimamente a la Pasión de Cristo.

Los enfermos que reciben este sacramento, "uniéndose libremente a la pasión y muerte de Cristo, contribuyen al bien del Pueblo de Dios" (LG 11)

La Unción de los enfermos es la última de las sagradas unciones que jalonan toda la vida cristiana. Ofrece al término de nuestra vida terrena un escudo para defenderse en los últimos combates y entrar en la Casa del Padre.

«En medio de la prueba, el dolor y la enfermedad, la Unción ha sido una experiencia gozosa, llena de paz, alegría, fortaleza y esperanza para que sea más llevadero el camino de la cruz. Es sacramento de “vida”, ya que poniéndome en manos de Dios y dejándole hacer, Él obra maravillas en mí y podré continuar su misión salvadora.» [ENFERMA EN DIÁLISIS, POR RECHAZO DEL TRASPLANTE]

 «La Unción le dio fortaleza ante el dolor físico y el sufrimiento espiritual. Pudo soportar los tratamientos. Dos días antes de su muerte, recibió la Unción de nuevo, acompañada de algunos hermanos de la comunidad. Esa celebración la tranquilizó, le dio paz y una fortaleza extraordinaria, y la preparó para el final. Su serenidad ante la muerte y su abandono en el Señor nos edificó a todos: “No es normal que esté tan tranquila, con tanta paz” decían los médicos y enfermeras» [ENFERMA DE CÁNCER. 33 AÑOS]

El enfermo acoge al Señor en la fe y se une a Él

En la santa Unción, que va unida a la oración de la fe (cf. Sant 5, 15), se expresa ante todo la fe que hay que hacer suscitar tanto en el que administra como, de manera especial, en el que recibe el sacramento; pues lo que salvará al enfermo es su fe y la de la Iglesia, que mira a la muerte y resurrección de Cristo, de donde brota la eficacia del sacramento. (RU 7).

La Unción no es un rito mágico con el que se manipula lo sagrado. No es un remedio extraordinario-milagroso ni un rival de las técnicas terapéuticas (RU 67). No es una cosa que se recibe. Es un gesto que, como los demás sacramentos, supone la fe y a la vez la alimenta, la robustece y la expresa por medio de palabras y cosas (SC 59). 

«Nuestra fe en El tiene la fuerza de transformar nuestros sufrimientos y enfermedades, al sentirnos miembros de su Cuerpo, continuadores de su Pasión y cooperadores de su Redención. Pero, a la vez, sabemos que El ha triunfado de la muerte y que es capaz de comunicar su energía vivificadora a todo nuestro ser, corporal y espiritual.» (RU 45)

El sacramento cristiano sólo es sacramento en el horizonte de la fe. Exige, por tanto, una respuesta personal, libre y consciente.

El Señor confía al enfermo una misión: evangelizar: desde su vida

El sacramento de la Unción inserta al enfermo, como enfermo, en el misterio pascual de Cristo, del que ya participa como bautizado, y le confía la misión de evangelizar desde la enfermedad en la comunidad cristiana y en el mundo

1. El enfermo evangeliza siendo un testigo que nos ayuda a ser realistas en un mundo que vive de apariencias, de espaldas a la enfermedad, el sufrimiento y la muerte, porque nos recuerda que somos frágiles, limitados, mortales, pero con un caudal de energías ocultas muy considerables. Nos ayuda a experimentar la necesidad que tenemos de ser salvados. 

2. El enfermo evangeliza siendo testigo que enseña a relativizar los valores, que hacen al hombre inhumano, y a descubrir lo que importa verdaderamente. Pone en crisis valores que hoy están muy cotizados, como la eficacia a toda costa, la ambición de dinero, de poder y de éxito, el ansia de tener y de consumir, la belleza externa, etc. 

 3. El enfermo evangeliza siendo testigo que nos llama a vivir y recuperar los valores fundamentales del Evangelio: la gratuidad de la existencia, vivirla como don y realizarla como entrega, la fuerza del amor, desinstalarse y andar ligeros de equipaje como peregrinos, la entereza en la hora de la prueba. 

4. El enfermo evangeliza invitando, desde su postración, a la solidaridad humana, al amor servicial y sacrificado y a la reivindicación de sus derechos. El enfermo, necesitado de atención, es para la comunidad cristiana el eco del Evangelio que llama a:• ser sensibles ante la necesidad del otro, a conmoverse ante la desgracia del prójimo, a ser misericordioso; • solidarizarse con el enfermo y da la oportunidad y la posibilidad de ser prójimo. Ante la pregunta que tantas veces se hacen los sanos: ¿quién es mi prójimo?, el enfermo responde: El prójimo eres tú para mí, si me atiendes (Lc 10,25-37); • al amor desinteresado. El enfermo nos da la oportunidad de entregarnos sin esperar nada a cambio.

5. El enfermo evangeliza, mostrando el rostro de Jesús y lo más original y llamativo del Dios cristiano: un Dios sufriente que comparte por amor hasta el fondo el dolor del hombre, y así le salva.

 6. El enfermo evangeliza cuando es testigo vivo, de que es posible mantener la esperanza, la paz serena e incuso la alegría; ser fiel al Dios que es siempre fiel; luchar contra la enfermedad, asumirla con amor, y madurar humana y cristianamente»

«Como sacramento del restablecimiento, la pastoral de la Unción debe preparar al enfermo para su reintegración a la vida ordinaria. El enfermo que ha recorrido el itinerario sacramental de la enfermedad y ha recobrado la salud, se reincorpora a su actividad normal tras haber vivido un peculiar encuentro con Cristo. Una pastoral postsacramental le hará descubrir la urgencia de vivir más evangélicamente sus relaciones con Dios y con los hermanos y le vinculará más estrechamente con la comunidad cristiana, a la que con gratitud al consuelo que de ella recibió durante la enfermedad, tratará de dar ahora un testimonio más claro de su fe.» (RU 69)

La Unción, sacramento de la presencia fraternal de la Iglesia (RU 449)

El sacramento de la Unción es un signo que expresa, celebra y compromete la solidaridad eclesial con el enfermo. Como los demás sacramentos, la Unción no es un gesto aislado y esporádico de la Iglesia con el enfermo. Es un gesto que comienza en la vida, celebra la vida y termina en la vida.

La Unción comienza en la vida, no es un gesto aislado de la comunidad

La verdadera liturgia de la Iglesia con los enfermos no espera a la celebración; comienza con la vida, hecha servicio. La Iglesia, a ejemplo de Jesús, el Señor, y siguiendo su mandato, cuida y asiste con solicitud a los enfermos, se interesa por sus problemas, les acompaña en su soledad, lucha por sus derechos, ora por ellos, les ayuda a vivir su situación en la fe. Esta solidaridad con los enfermos es uno de los signos privilegiados que el Señor ha confiado a su Iglesia para manifestar la llegada del Reino; un signo más expresivo hoy en un mundo como el nuestro, que olvida o margina a los enfermos; un signo que, por ello, autentifica a la Iglesia y hace creíble la buena noticia de que el Evangelio es anunciado a los pobres.

La Unción celebra la vida: del enfermo, familia, sanitarios, comunidad.

La comunidad cristiana culmina y celebra litúrgicamente, en la Unción, su solicitud, sus cuidados y desvelos por los enfermos, su presencia fraternal junto a ellos. La expresa por el ministro que la preside, signo de la presencia de la misma Iglesia; con la oración de fe y el gesto de ungir con el óleo al enfermo; con la participación activa del enfermo que manifiesta su experiencia y su fe y contribuye así a la edificación de la Iglesia; con la presencia y la participación activa de la comunidad cristiana tanto en la preparación como en la celebración de la Unción, porque los conoce y quiere vivir este acontecimiento con ellos y porque como ellos se sabe limitada y necesitada de la ayuda del Señor. El enfermo puede así percibir que no está solo y sentirse confortado con el respaldo de la comunidad.

La Unción continúa en la vida: confía la misión de sanar a la comunidad

La Unción envía, compromete y da fuerzas a la comunidad cristiana que la celebra para mostrar con su comportamiento lo que celebró en el sacramento: • que el enfermo no está solo, dejado de la mano de Dios; • que Cristo está a su lado como compañero de camino; • que no va hacia la nada; • que tiene un lugar y un papel en la comunidad y en el mundo; • que nada ni nadie podrá apartarle del amor de Dios manifestado en Cristo...

Sería una mentira y una hipocresía hablarle al enfermo de que Dios no le abandona y tenerle abandonado nosotros; decir a los enfermos que tienen una misión en la comunidad y no permitirles en la realidad desempeñarla, etc

El sacramento de la Unción confía a la comunidad cristiana la tarea y la responsabilidad de sanar, con la fuerza del Espíritu, al enfermo y al que se cree sano: • dar sentido a sus vidas; • dinamizar el potencial de salud que hay en ellos; • despertar la fe y el amor que son una fuente de salud; • crear espacios en los que el enfermo se sienta acogido, escuchado y querido como él es; • fomentar una vida comunitaria en la que las relaciones sean saludables y no insanas...

El sacramento recuerda a la comunidad que la tarea de sanar le conduce a cargar con las enfermedades y dolencias de sus miembros enfermos

No hay comentarios:

Publicar un comentario